de aspirantes seminaristas. Pero también sabemos todos que estamos viviendo el
AÑO DE LA FE, declarado y animado ardiente y fervorosamente por el Papa Benedicto XVI y proclamado con insistencia y valentía en nuestra Diócesis por nuestro
obispo, Mons. Atilano. La realidad actual y las perspectivas inmediatas sinceramente
no parecen muy halagüeñas, pero, sin rechazar ni culpar a nadie, también tenemos
que reconocer que la superación de esta situación es cuestión de todos y cada uno
de nosotros que jamás hemos de perder la esperanza: “la paciencia todo lo alcanza, quien a Dios tiene nada le falta”. Como inyección de ánimo eficaz y que debemos tomar en serio todos, transcribo un párrafo significativo y oportuno del Papa en
su Mensaje para la Cuaresma de este año 2013:
“La cuaresma, con las tradicionales indicaciones para la vida cristiana, nos invita
precisamente a alimentar la fe a través de una escucha más atenta y prolongada
de la Palabra de Dios y la participación en los sacramentos y, al mismo tiempo, a
crecer en la caridad, en el amor a Dios y al prójimo, también a través de las indicaciones concretas del ayuno, de la penitencia y de la limosna”.
Confiemos cada uno en nuestro Santo Ángel que está siempre a nuestro lado, no
para vigilarnos, sino para acompañarnos y ayudarnos. Hagámoslo diariamente con
la tradicional y hermosa invocación personal: “Ángel de mi guarda, dulce compañía, no me dejes solo, ni de noche ni de día; no me dejes solo, que me perdería”.
Quiero recordar finalmente los acontecimientos importantes e irrepetibles que me
ha tocado vivir en Villaseca:
El entierro de D. Luis Migue