LA DOBLE DISCRIMINACIÓN
miliar, crisis, paro y deuda hipotecaria, es el accidentado viaje de las ocho mujeres que se ve reflejado en el documental.
Una de las protagonistas es Marcheline Rosero, que migró a España en los años 90. Consiguió trabajo, trajo a sus hijos y compró una vivienda por un precio astronómico, que no pudo pagar en cuanto se quedó sin trabajo. Terminó perdiendo el piso, debiendo una suma considerable al banco y recibiendo una pensión por su discapacidad de 340 euros, que se queda en noventa porque se ve obligada a pagar un alquiler que no le parece tan social. Esta situación sufrida por Marcheline y otras mujeres la define de manera simple pero eficaz el Sr. Calahorrano, Embajador de Ecuador en España, « sin trabajo, sin dinero y enfrentando el acoso de los bancos ».
El trabajo doméstico « tiene rostro de mujer inmigrante ». Comisiones Obreras de Canarias( CCOO) en un comunicado realizado el 30 de marzo de 2015, Día Internacional de las Trabajadoras del Hogar, reclamó más medidas a favor de la regularización del marco laboral en el trabajo doméstico. El sector en Canarias agrupa a unas 10.400 personas dadas de alta en el régimen de la Seguridad Social. El sindicato critica la situación de precariedad, la irregularidad y la desprotección social características tradicionales del sector. Alertó, además, del hecho de que sigue habiendo mucho desconocimiento y abusos en el sector. Y para intentar paliar esta situación, ha editado dos guías, una dirigida a empleadas y otra a empleadores, en el marco de la campaña denominada « Empleo del hogar, lo que necesitas saber », que informan sobre derechos y obligaciones que se tienen que cumplir en el sector.
CCOO de Canarias sostuvo que, a pesar de la regulación legal del trabajo doméstico, en España, se estima que hay unas 700.000 mujeres desarrollando su actividad en el empleo del hogar, pero tan solo 429.000 están dadas de alta en la Seguridad Social.
Las mujeres inmigrantes tienen que esperar tres años hasta que se abre la puerta de la regularización. Hasta entonces trabajan como « sin papeles » en la economía sumergida y agachan la cabeza cada vez que se cruzan con un policía por la calle.
Cientos de miles de mujeres que trabajan en los hogares españoles, dejaron su país de origen en busca de una situación económica mejor y, al llegar a la « tierra prometida », se convierten en « ciudadanas de terceras », llegando al extremo de no ser llamadas por su propio nombre y sí por otros adjetivos como « la niña que me limpia la casa », « la chiquilla que cuida a los niños », « la chica que nos cocina », etc.
Tres inmigrantes empleadas del hogar conceden una entrevista al periódico El Mundo, en mayo de 2015, donde narran sus experiencias de trabajo en varias casas de ciudadanos españoles. Una de ellas es Alma, mexicana, que llegó a España con 19 años, según ella en « acto de rebeldía ». Sus padres atravesaban un divorcio complicado y, en un arrebato de rabia, cogió las maletas y se embarcó en un viaje a Madrid que le cambió la vida. « Si hubiera sabido la que se me
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