Presentado el Informe Anual 2016 sobre racismo en el estado español | Page 197
Informe Anual 2016 sobre el racismo en el estado español
Quien, haciendo uso de su ‘carnet de pertenencia o miembro’ de un entorno
social, interacciona con este entorno, ha de seguir las normas del juego social en
todo momento. Si una persona desea beneficiarse de ser parte de un sistema
social y gestionar una transacción o intercambio en ese entorno, debe cumplir a
rajatabla los principios que sustentan ese sistema, uno de los cuales es el principio de igualdad de trato y no discriminación.
Y en ello sustentamos, por tanto, nuestra conclusión de que decir «se alquila
piso; absténganse inmigrantes» también es ilegal (además de indecente, obviamente) en el ámbito más privado.
¿Sociedad-refugio?
196
Independientemente de esa legalidad o ilegalidad, la constatación de que en
Vitoria-Gasteiz se discrimina deja, sin duda, un sabor amargo.
Independientemente de que tipifiquemos o no como delito la discriminación
en el acceso al alquiler de viviendas, la descripción de Vitoria-Gasteiz como
contexto social en el que se producen actos discriminatorios contra las personas
extranjeras, ensucia nuestra imagen de ciudad como esa ciudad-refugio que tanto ha proclamado la ciudadanía que desea.
El trabajo de CEAR-Euskadi y de SOS Racismo Gipuzkoa ha confirmado, en
el último año, que en la capital alavesa se discrimina (en actos con o sin relevancia penal) a algunas personas migrantes y refugiadas que buscan vivienda. Ha
confirmado que se les discrimina, no importa si estas personas tienen vidas laborales extensas y llevan años cotizando a la Seguridad Social. No importa si su
nómina mensual es alta y su estabilidad laboral viene ampliamente acreditada.
No importa si vienen huyendo de la guerra de Siria, del genocidio de Centroáfrica
o del conflicto armado en Ucrania, Colombia, Somalia o Afganistán. Las personas extranjeras en Vitoria-Gasteiz son repudiadas como inquilinas de algunas
viviendas, en las cuales el «absténganse inmigrantes» forma parte del reclamo
publicitario.
En este contexto de no igualdad de trato y discriminación para todas las personas, podemos decir que las personas refugiadas que ya viven en nuestra ciudad son, en ese sentido, objeto de actitudes, comportamientos o formas de expresión que violan o denigran su dignidad y sus derechos fundamentales, por
poseer unas características a las que no pueden (tener rasgos fenotípicos determinados) o no quieren (creencias religiosas) renunciar. Son víctimas de acciones que buscan excluirles y segregarles, por el mero hecho de haber abandonado su país de procedencia por diferentes causas y haber llegado a la capital
alavesa con un proyecto de vida. Son actos de discriminación que duelen, que
hacen sangre, que rasgan la integridad de nuestras vecinas y vecinos de origen
cultural/étnico/nacional diverso. Son discriminaciones que, ya por sí solas, dejan ver el lado más cutre, indecente e inhumano de la sociedad de la que emanan: sociedad que, en muchos casos, calla ante sus efectos perversos.