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La búsqueda incesante de la delgadez es una característica esencial de los
Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA), con un porcentaje del 12,46% de las
mujeres y 24% de los hombres obsesionados por la delgadez. Además, las estadísticas
señalan que la prevalencia de Anorexia nerviosa fluctúa entre 0.2% y 0.5% y la Bulimia
entre 2-3%, mientras que la prevalencia de los Trastornos de la Conducta Alimentaria no
especificados es del 3-5%; aunque los casos son más frecuentes en la adolescencia,
también se han detectado casos en niños, adultos y ancianos (Gómez, 1993; Unikel;
Saucedo-Molina y Fleiz, 2002).
Relacionaron los datos obtenidos con el marco teórico que sustenta la investigación
y que finalmente este diagnóstico de la situación evidencia la necesidad de una
educación y orientación psicopedagógica preventiva.
También resulta importante destacar que, la gran mayoría de los casos,
los Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA) se ubican en la adolescencia temprana
y media, en el inicio de los cambios puberales, por lo que hay una mayor fijación y
conciencia del cuerpo. La dinámica familiar tiene una gran influencia en el desarrollo
saludable del adolescente, pudiendo existir serias dificultades en el manejo de problemas
familiares, lo que genera nuevos conflictos entre los diferentes subsistemas, destacando
el trastorno del afecto y el trastorno de ansiedad.
Resulta claro que, ante los TCA, se precisa una adecuada orientación
psicopedagógica, desde la más temprana edad, con la participación activa y adecuada
del entorno familiar y educativo. En este sentido, se coincide con Moreno (2001) sobre la
necesaria complementación de las funciones educativas de la familia y la Escuela y en la
necesidad de coordinación para integrar los influjos educativos que el entorno social