POR QUIEN DOBLAN LAS CAMPANAS Hemingway,Por quien doblan las campanas (1) | Page 99
—Sí. Pero es una región grande y agreste.
—Será difícil llegar hasta allí –dijo Pilar.
—Todo es difícil –dijo el Sordo–; se puede ir a Gredos o a cualquier otro
lugar. Viajando de noche. Aquí esto se ha puesto muy peligroso. Es un
milagro que hayamos podido estar tanto tiempo. Gredos es más seguro que
esto.
—¿Sabes adonde querría yo ir? –preguntó Pilar.
—¿Adonde? ¿A la Paramera? Eso no vale nada.
—No –dijo Pilar–. No quiero ir a la Sierra de la Paramera. Quiero ir a la
República.
—Muy bien.
—¿Vendrían tus gentes?
—Sí, si les digo que vengan.
—Los míos no sé si vendrían –dijo Pilar–. Pablo no querrá venir; sin
embargo, allí estaría más seguro. Es demasiado viejo para que le alisten
como soldado, a menos que llamen otras quintas. El gitano no querrá
venir. Los otros no lo sé.
—Como no pasa nada por aquí desde hace tiempo, no se dan cuenta del
peligro –dijo el Sordo.
—Con los aviones de hoy verán las cosas más claras –dijo Robert Jordan–;
pero creo que podrían operar ustedes muy bien partiendo de Gredos.
—¿Qué? –preguntó el Sordo, y le miró con ojos planos. No había
cordialidad en la manera de hacer la pregunta.
—Podrían hacer ustedes incursiones con más éxito desde allí –dijo Robert
Jordan.
—–¡Ah! –exclamó el Sordo–. ¿Conoces Gredos?
—Sí. Se puede operar desde allí contra la línea principal del
ferrocarril. Se la puede cortar continuamente, como hacemos nosotros más
al sur, en Extremadura. Operar desde allí sería mejor que volver a la
República –dijo Robert Jordan–. Serían ustedes más útiles allí.
Los dos, mientras le escuchaban, se habían vuelto hoscos. El Sordo miró a
Pilar y Pilar miró al Sordo.
—¿Conoces Gredos? –preguntó el Sordo–. ¿Lo conoces bien?
—Sí –dijo Robert Jordan. –¿Adonde irías tú?
—Por encima de El Barco de Avila; aquello es mejor que esto. Se pueden
hacer incursiones contra la carretera principal y la vía férrea, entre
Béjar y Plasencia.
—Muy difícil–dijo el Sordo.
—Nosotros hemos trabajado cortando la línea del ferrocarril en regiones
mucho más peligrosas, en Extremadura –dijo Robert Jordan.
—¿Quiénes son nosotros?
—El grupo de guerrilleros de Extremadura. ,.
—¿Sois muchos?
—Como unos cuarenta. .
—¿Y ése de los nervios malos y el nombre raro? ¿Venía de allí? –preguntó
Pilar.
—Sí.
—¿En dónde está ahora?
—Murió; ya se lo dije.
—¿Tú vienes también de allí?
—Sí.
—¿Te das cuenta de lo que quiero decirte? –preguntó Pilar.
«Vaya, he cometido un error –pensó Robert Jordan–. He dicho a estos
españoles que nosotros podíamos hacer algo mejor que ellos, cuando la
norma pide que no hables nunca de tus propias hazañas o habilidades.
Cuando debiera haber– : los adulado, les he dicho lo que tenían que hacer
ellos, y ahora están furiosos. Bueno, ya se les pasará o no se les