POR QUIEN DOBLAN LAS CAMPANAS Hemingway,Por quien doblan las campanas (1) | Page 149

—Yo también lo había olvidado. —Leche –repitió Agustín–. ¡Leche! Somos unos imbéciles. –Se volvió despreocupadamente hacia la mesa y tomó asiento junto a ella–. Toma un trago, Pablo, hombre –dijo–. ¿Qué tal van los caballos? —Muy bien –contestó Pablo–. Y ahora nieva menos. —¿Crees que va a dejar de nevar? —Sí –dijo Pablo–. Cae menos nieve y los copos son ahora pequeños y duros. El viento va a continuar, pero la nieve se va. El viento ha cambiado. . —¿Crees que estará claro mañana por la mañana? –le preguntó Robert Jordan. —Sí –contestó Pablo