POR QUIEN DOBLAN LAS CAMPANAS Hemingway,Por quien doblan las campanas (1) | Seite 138

—–No –dijo Anselmo–. No soy especial. Pero me gusta cuando quema la garganta según va bajando. —Dame eso –dijo Robert Jordan a la chica–, y échale de lo que quema. Vació la taza de Anselmo en la suya y se la dio a la muchacha, que, con mucho cuidado, echó el líquido de la botella. –¡Ah! –dijo Anselmo, cogiendo la taza, echando la cabeza hacia atrás y dejando que el líquido le cayera por el gaznate. Luego miró a María, que estaba de pie, con la botella en la mano, parpadeó, haciéndole un guiño mientras los ojos se le estaban llenando de lágrimas–. Eso es –dijo–; eso es. –Se relamió–. Esto matará al gusano. —Roberto –dijo María, y se acercó a él, teniendo siempre la botella en la mano–, ¿quieres comer ahora?. —¿Está lista la comida? —Lo estará cuando tú quieras. —¿Han comido los demás? —Todos, menos tú, Anselmo y Fernando. —Bueno, entonces, comamos –dijo–. ¿Y tú? —Comeré luego, con Pilar. —Come ahora con nosotros. No, no estaría bien. Vamos, come con nosotros. En mi tierra ningún hombre come antes que su mujer. Eso será en tu tierra. Aquí se estila comer después. Come con él –dijo Pablo, levantando los ojos de la mesa–; come con él; bebe con él. Acuéstate con él. Muere con él. Hazlo todo como en su tierra. ¿Estás borracho? –preguntó Robert Jordan, deteniéndose delante de Pablo. El hombre de rostro sucio e hirsuto le miró alegremente. Sí –contestó Pablo–. ¿Dónde está tu país, inglés? Ese país en que los hombres comen con las mujeres. —En los Estados Unidos, en el Estado de Montana. —¿Es allí donde los hombres llevan faldas como las mujeres? —No, eso es en Escocia. —Pues oye –dijo Pablo–: cuando lleváis esas faldas, inglés... —Yo no llevo faldas –dijo Robert Jordan. —Cuando lleváis esas faldas –prosiguió Pablo–, ¿qué es lo que lleváis debajo? —No sé lo que llevan los escoceses –dijo Robert Jordan–. Muchas veces me lo he preguntado. —No, no digo los escoceses –dijo Pablo–; ¿quién ha hablado de los escoceses? ¿A quién importan gentes con un nombre como ése? A mí, no. A mí no se me da un rábano. A ti te digo, inglés. ¿Qué es lo que llevas debajo de las faldas en tu país? —Ya te he dicho y te he repetido que no llevamos faldas –dijo Robert Jordan–. Y no te aguanto que lo digas ni en broma ni borracho. —Bueno, pues debajo de las faldas –insistió Pablo–. Porque es bien sabido que lleváis faldas. Incluso los soldados. Los he visto en fotografías y los he visto en el circo Price. ¿Qué es lo que lleváis debajo de las faldas, inglés? —Los c... –dijo Robert Jordan. Anselmo rompió a reír, así como todos los que estaban allí. Todos, salvo Fernando. Aquella palabra malsonante, aquella palabrota pronunciada delante de las mujeres, le pareció de mal gusto. —Bueno, eso es lo normal –dijo Pablo–. Pero me parece que cuando se tienen c... no se llevan faldas.