POR QUIEN DOBLAN LAS CAMPANAS Hemingway,Por quien doblan las campanas (1) | Seite 137

—Se diría que es la primera vez en su vida que ese hombre ha tenido los pies mojados –dijo Pilar– y que jamás ha visto un copo de nieve. María le llevó una piel de cordero, que depositó en el suelo polvoriento de la cueva. —Ahí –le dijo–; pon los pies ahí hasta que estén secos los calcetines. La piel de cordero era nueva y no estaba curtida, y al poner sus pies sobre ella Robert Jordan la oyó crujir como el pergamino. El fogón humeaba y Pilar llamó a María. –Sopla ese fuego, holgazana. Eso es una humareda. –Sóplalo tú misma –replicó María–. Yo voy a