POR QUIEN DOBLAN LAS CAMPANAS Hemingway,Por quien doblan las campanas (1) | Page 115
bíblicas. De manera que no te inquietes; acepta lo que se te da, haz tu
trabajo y tendrás una larga vida muy dichosa. ¿Acaso no ha sido dichosa
tu vida en estos últimos tiempos? Entonces, ¿de qué te quejas? Eso es lo
que ocurre en esta clase de trabajos.»
Y la idea le gustó mucho. No es tanto por lo que se aprende sino por la
gente que uno se encuentra. Y al llegar a este punto se sintió contento
porque era otra vez capaz de bromear, y volvió a acordarse de la
muchacha.
—Te quiero, conejito –dijo a la chica–. ¿Qué era lo que decías?
—Decía –contestó ella– que no tienes que preocuparte de tu trabajo,
porque yo no quiero molestarte ni estorbarte. Si puedo hacer algo, me lo
dices.
—No hay nada que hacer. Es una cosa muy sencilla.
—Pilar me enseñará todo lo que tengo que hacer para cuidar a un hombre, y
eso será lo que yo haga –dijo María–; y mientras vaya aprendiendo,
encontraré otras cosas yo sola que pueda hacer y tú me dirás lo demás.
—No hay nada que hacer.
—¡Sí, hombre! Claro que hay cosas que hacer. Tu saco de dormir por
ejemplo hubiera debido sacudirlo esta mañana y airearlo, colgándolo al
sol en alguna parte, y luego, antes que caiga el rocío, ponerlo a
resguardo.
—Sigue, conejito.
—Tus calcetines habría que lavarlos y tenderlos a secar. Me ocuparé de
que tengas siempre dos pares.
—¿Quemas?
—Si me enseñas cómo tengo que hacerlo, limpiaré y engrasaré tu pistola.
—Dame un beso –dijo Robert Jordan.
—No, estoy hablando en serio. ¿Me enseñarás a limpiar tu pistola? Pilar
tiene trapos y aceite. Y hay una baqueta en la cueva que creo que irá
bien.
—Desde luego que te enseñaré.
—Y además, puedes enseñarme a disparar, y así cualquiera de los dos puede
matar al otro y suicidarse después, si uno de los dos cae herido y no
queremos que nos hagan prisioneros.
—Muy interesante –dijo Robert Jordan–; ¿tienes muchas ideas de ese
estilo?
—No muchas –dijo María–, pero ésta es una buena idea. Pilar me ha dado
esto y me ha dicho cómo utilizarlo. –Abrió el bolsillo de pecho de la
camisa y sacó un estuche de cuero como los de los peines de bolsillo;
luego quitó una goma que lo cerraba por ambos lados y sacó una cuchilla
de afeitar–. Llevo siempre esto conmigo. Pilar