POR QUIEN DOBLAN LAS CAMPANAS Hemingway,Por quien doblan las campanas (1) | Page 114
en reconocerlo, y ya no tendrás dos noches enteras para pasarlas con
ella. No tendrás una vida por delante ni una vida en común ni todo eso
que la gente considera normal que se tenga; no tendrás nada de eso. Una
noche, que ya ha pasado un momento, esta tarde, y una noche que está por
venir; que quizá llegue. Eso es todo, señor.
»No tendrás nada de eso, ni felicidad, ni placer, ni niños, ni casa, ni
cuarto de baño, ni pijama limpio, ni periódico por la mañana, ni
despertarse juntos, ni despertar y saber que ella está allí y que uno no
está solo. No. Nada de eso. Pero ya que es eso todo lo que la vida nos
concede, entre todas las cosas que uno hubiese querido tener, ¿por qué no
había de ser posible pasar siquiera una noche en una buena cama, con
sábanas limpias?
»Pero pides lo imposible. Pides la misma imposibilidad. Por lo tanto, si
quieres a esa muchacha, como dices, lo mejor que puedes hacer es quererla
mucho y ganar en intensidad lo que pierdes en duración y continuidad. ¿Lo
comprendes? En otros tiempos, la gente consagraba a esto toda una vida. Y
ahora que tú lo has encontrado, si tienes dos noches para ello, te pones
a preguntarte de dónde te viene tanta suerte. Dos noches. Dos noches para
querer, honrar y estimar. Para lo mejor y para lo peor. En la enfermedad
y en la muerte. No, no es así: en la enfermedad y en la salud. Hasta que
la muerte nos separe. Dos noches. Es más de lo que podía esperarse. Más
de lo que podía esperarse, y deja ahora de pensar en esas cosas. Deja de
pensar ahora mismo. No es bueno.
No hagas nada que no sea bueno para ti. Y esto no es bueno, con
seguridad.»
Era de eso de lo que Golz hablaba. Cuanto más tiempo pasaba, más
inteligente le parecía Golz. De modo que era a eso a lo que se refería
cuando hablaba de la compensación de un servicio irregular. Golz había
conocido todo aquello. ¿Y era la precipitación, la falta de tiempo y las
circunstancias especialísimas lo que provocaba todo aquello? ¿Era algo
que le sucedía a todo el mundo en circunstancias parecidas? ¿Y creía él
que era algo especial porque le sucedía a él? Golz había dormido acá y
allá, precipitadamente, cuando mandaba la caballería irregular del
Ejército Rojo, y la combinación de aquellas circunstancias y todo lo
demás, ¿le hizo encontrar en las mujeres todo lo que encontraba él en
María?
Probablemente Golz conocía todo aquello también y deseaba hacerle notar
que era preciso vivir toda una vida en las dos noches que a uno se le dan
para vivir; cuando se vive como vivimos ahora hay que concentrar todas
las cosas que tenían que haber sido en el corto espacio de tiempo de que
uno puede disponer.
Como teoría, era buena. Pero no pensaba que María hubiera sido hecha por
las circunstancias. A menos, claro, que no fuera una reacción de las
condiciones de vida en que ella tuvo que vivir como le estaba sucediendo
a él. Y ciertamente, las circunstancias en que él había tenido que vivir
no fueron buenas. No, nada buenas.
Pues bien, si las cosas eran así, sencillamente, eran así como eran. Pero
no había ley que le obligase a decir que le gustaba la cosa.
«Nunca hubiera creído que podía sentir lo que he sentido –pensó–. Ni que
pudiera ocurrirme esto. Querría que me durase toda la vida. Ya lo
tendrás, dijo su otro yo. Ya lo tendrás. Lo tienes ahora, y ese ahora es
toda tu vida. No existe nada más que el momento presente. No existen ni
el ayer ni el mañana. ¿A qué edad tienes que llegar para poder
comprenderlo? No cuentas más que con dos días. Bueno, dos días es toda tu
vida, y todo lo que pase estará en proporción. Esa es la manera de vivir
toda una vida en dos días. Y si dejas de lamentarte y de pedir lo
imposible, será una vida buena. Una vida buena no se mide con edades