POR QUIEN DOBLAN LAS CAMPANAS Hemingway,Por quien doblan las campanas (1) | Page 113

abend. Lije y wife, vie y Marie. No, eso no rimaba. Había también now y frau, pero eso tampoco probaba nada. Por ejemplo se podía tomar dead, mart, muerto, y todt. Todt era, de las cuatro palabras, la que mejor expresaba la idea de la muerte. War, guerre, guerra, y krieg. Krieg era la que más se parecía a guerra. ¿No era así? ¿O era solamente que conocía peor el alemán que las otras lenguas? Chérie, sweet–heart, prenda y schatz. Todas esas palabras podía cambiarlas por María. María, ¡qué hermoso nombre! Bueno, pronto iban a verse todos metidos hasta el cuello y no iba a pasar mucho tiempo. Lo del puente, en realidad, se presentaba cada vez peor. Era una operación que no podía salir inmune con luz del día. Las posiciones peligrosas tienen que ser abandonadas por la noche. Al menos se intenta aguantar hasta la noche. Todo marcha bien si se puede aguardar hasta la noche para replegarse. Pero si la cosa empezaba a ponerse mal con luz del día... Sería absolutamente imposible resistir. Y aquel condenado del Sordo, que había abandonado su español zarrapastroso para explicarle aquello con todos los pormenores, como si él no hubiese estado pensando en todo sin cesar desde que Golz le habló del asunto. Como si no bubiese vivido con la sensación de tener una bola a medio digerir en el estómago desde la noche anterior a la antevíspera. «Vaya un asunto. Está uno toda su vida creyendo que semejantes aventuras significan algo y a la postre resulta que no significan nada. No había tenido nunca nada de lo que tenía ahora. Uno cree que es algo que no va a comenzar jamás. Y de repente, en medio de un asunto piojoso como esa coordinación de dos bandas de guerrillas de mala muerte, para volar un puente en condiciones imposibles, con objeto de hacer abortar una contraofensiva que probablemente había empezado ya, se encuentra uno con una mujer como María. Claro, siempre ocurre así. Acabas por dar con ello demasiado tarde; eso es todo. Y luego, una mujer como aquella Pilar te mete literalmente a la muchacha en tu cama, y ¿qué es lo que pasa? Sí, ¿qué es lo que pasa? ¿Qué pasa? Dime qué pasa, haz el favor. Sí, dímelo. Pues eso es lo que pasa. Eso es justamente lo que pasa. No te engañes a ti mismo cuando piensas que Pilar ha empujado a esta muchacha a tu saco de dormir, y trates de negarlo todo y de estropearlo todo. Estabas perdido desde el momento en que viste a María, En cuanto ella abrió la boca y te habló, quedaste flechado, y lo sabes. Y ya que te ha llegado lo que nunca creíste que te podría llegar, porque no creías que existiera, no hay motivos para que trates de negarlo, ya que sabes que es una cosa real y que está contigo desde el instante en que ella salió de la cueva, llevando la cacerola de hierro. Te flechó entonces, y lo sabes, de manera que ¿por qué mentir? Te sentiste extraño interiormente cada vez que la mirabas y cada vez que ella te miraba a ti. Entonces ¿por qué no reconocerlo? Bueno, está bien; lo reconozco. En cuanto a Pilar, que te la ha puesto en los brazos, todo lo que ha hecho ha sido conducirse como una mujer inteligente. Hasta entonces había cuidado muy bien de la muchacha, y por eso vio rápidamente, en el momento en que la chica volvió a entrar en la cueva con la comida, lo que había sucedido. »Lo único que hizo ella fue facilitar las cosas. Hizo las cosas más fáciles para que sucediera lo que sucedió anoche y esta tarde. La condenada es mucho más civilizada que tú, conoce el valor del tiempo. Sí –se dijo–, creo que debimos admitir que tiene una idea muy clara del valor del tiempo. Aceptó la derrota porque no quería que otros perdiesen lo que ella tuvo que perder. Después de eso, la idea de reconocer que lo había perdido todo resultó demasiado dura de encajar. Y sabiendo todo eso, afrontó la situación allá arriba, en el monte, y sospecho que nosotros no hemos hecho nada porque las cosas fueran más fáciles para ella. Bueno eso es lo que pasa y lo que te ha pasado, y harías muy bien