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Perifèria. Cristianisme, Postmodernitat, Globalització 6/2019 mujer adúltera 59 : Como el condicionamiento mimético pre- side nuestras vidas para pararlo es impres- cindible remontarse al que se ofrece como modelo para todos los demás, al que lan- za la primera piedra. La primera piedra determina el comportamiento del resto de actores sujetos a la lógica implacable del mimetismo. Por eso Jesús se centra en ese momento capital, en el único momen- to en que cada sujeto está expuesto a su responsabilidad personal, antes de dejar- se arrastrar por la disolución individual que caracteriza a los fenómenos colectivos y populistas. Lo que Jesús intenta es revertir el comportamiento de la masa, utilizar la fuerza mimética para convertir un mimetis- mo orientado hacia la violencia en un mi- metismo dirigido al perdón. “La primera piedra no es mera retóri- ca, sino, todo lo contrario, algo decisivo, puesto que es la más difícil de lanzar. ¿Por 59  El relato de la mujer adúltera dice así: “Cada uno se fue a su casa; y Jesús se fue al monte de los Olivos. Y por la mañana volvió al templo, y todo el pueblo vino a él; y sentado él, les enseñaba. Entonces los escribas y los fariseos le trajeron una mujer sorprendida en adulterio; y poniéndola en medio, le dijeron: Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en el acto mismo de adulterio. Y en la ley nos mandó Moisés apedrear a tales mujeres. Tú, pues, ¿qué dices? Mas esto decían tentándole, para poder acusarle. Pero Jesús, inclinado hacia el suelo, escribía en tierra con el dedo. Y como insistieran en preguntarle, se enderezó y les dijo: El que de vosotros esté sin pecado sea el primero en arrojar la piedra contra ella. E inclinándose de nuevo hacia el suelo, siguió escribiendo en tierra. Pero ellos, al oír esto, acusados por su conciencia, salían uno a uno, comenzando desde los más viejos hasta los postreros; y quedó solo Jesús, y la mujer que estaba en medio. Enderezándose Jesús, y no viendo a nadie sino a la mujer, le dijo: Mujer, ¿dónde están los que te acusaban? ¿Ninguno te condenó? Ella dijo: Ninguno, Señor. Entonces Jesús le dijo: Ni yo te condeno; vete, y no peques más” (Juan 8 1:11). qué? Porque es la única que carece de modelo. Cuando Jesús pronuncia su fra- se, la primera piedra es el último obstáculo que se opone a la lapidación. Al atraer la atención sobre ella, al mencionarla explí- citamente, Jesús hace lo que puede por reforzar ese obstáculo, por magnificarlo. Cuanto más piensen quienes van a tirar la primera piedra en la responsabilidad que asumirán si lo hacen, más posibilidades hay de que la piedra se les caiga de las manos. […] Una vez lanzada la primera piedra, la segunda viene enseguida, tras el ejemplo de la primera; y más de prisa aún, la tercera, puesto que cuenta con dos modelos en lugar de uno, y así su- cesivamente. Cuanto más se multiplican los modelos, más se acelera el ritmo de la lapidación. Salvar a la mujer adúltera de la lapidación, como hace Jesús, impedir un apasionamiento mimético en el sentido de la violencia, es desencadenar otro en sen- tido inverso, un apasionamiento mimético no violento. Cuando un primer individuo renuncia a lapidar a la mujer adúltera, lo sigue en esa decisión un segundo, y así sucesivamente. Hasta que, al final, es todo el grupo, guiado por Jesús, el que renuncia a su proyecto de lapidación” 60 . “Para la mayoría de entre ellos, la verda- dera razón de la no violencia no es la dura reflexión sobre sí mismo, la renuncia a la violencia: es el mimetismo, como de cos- tumbre. Hay siempre un desbocamiento mimético en una dirección o en la otra” 61 . 60  R. Girard, Veo a Satán caer como el relámpago, op. cit., pp. 82-84. 61  R. Girard, Cuando empiecen a suceder estas cosas... op. cit., p. 146. 177