Perifèria. Cristianisme, Postmodernitat, Globalització 6/2019
La inversión de la imitación violenta re-
quiere la presentación heroica de un mo-
delo mimético alternativo a la violencia.
Al presentarse como tal, ese modelo se
expone a ser él mismo el destinatario de
la violencia colectiva, mediante la conoci-
da lógica mimética de la transferencia del
odio. “No hay que olvidar que el episodio
de la mujer adúltera es uno de los raros
logros de Jesús con una multitud violen-
ta. Un éxito que subraya sus numerosos
fracasos y, sobre todo, por supuesto, el
papel de la multitud en su propia muerte.
En el episodio evangélico de la mujer sor-
prendida en flagrante delito de adulterio,
si la masa no se hubiera dejado conven-
cer por Jesús y la lapidación hubiera te-
nido lugar, Jesús también habría podido
ser lapidado. Fracasar en la salvación de
una víctima amenazada de muerte de for-
ma unánime por una colectividad equivale
a encontrarse solo frente a ésta, es co-
rrer el riesgo de sufrir la misma pena que
aquélla. […] Antes de responder a quie-
nes piden su parecer sobre la obligación
de lapidar a la mujer, inscrita en la Ley de
Moisés, Jesús se inclina hacia el suelo y
escribe en el polvo con el dedo” 62 .
ción, eso leerían en la mirada de Jesús,
por apacible que fuera. Con lo que, de
rebote, se sentirían provocados. El en-
frentamiento no podría entonces evitarse,
lo que, probablemente, conllevaría lo que
Jesús se esfuerza en impedir: la lapida-
ción de la víctima. De ahí que eluda inclu-
so la sombra de una provocación” 63 .
Comúnmente cuando reconocemos el
estatus de “agresor” a un colectivo o a
una nación tendemos a borrar el rostro,
muchas veces amable, de individuos
concretos que de alguna manera perte-
necen al colectivo o nación agresora. La
identidad de la víctima se construye de
forma mimética, desfigurando y deshu-
manizando al colectivo que considera-
mos enemigo como si éste fuera un todo
orgánico. Romper la espiral mimética de
odio y deseos de venganza requiere es-
fuerzos repetidos para reconocer al otro,
no de acuerdo con una imagen colectiva
deshumanizada, sino como un ser hu-
mano cuya humanidad compartimos. No
En la opinión de Girard Jesús se ha incli-
nado para eludir la mirada de esos hom-
bres con los ojos inyectados en sangre.
“Si Jesús les devolviera sus miradas, esos
hombres exaltados no verían en sus ojos
unos ojos apacibles, sino que los trans-
formarían en un espejo de su propia cóle-
ra: su propio desafío, su propia provoca-
62 R. Girard, Veo a Satán caer como el relámpago,
op. cit., p.86.
J. Arcenillas, Children’s Diaspora
63 R. Girard, Veo a Satán caer como el relámpago,
op. cit., p.86.
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