Populismos periferiacpg-2019 | Page 178

Perifèria. Cristianisme, Postmodernitat, Globalització 6/2019 La inversión de la imitación violenta re- quiere la presentación heroica de un mo- delo mimético alternativo a la violencia. Al presentarse como tal, ese modelo se expone a ser él mismo el destinatario de la violencia colectiva, mediante la conoci- da lógica mimética de la transferencia del odio. “No hay que olvidar que el episodio de la mujer adúltera es uno de los raros logros de Jesús con una multitud violen- ta. Un éxito que subraya sus numerosos fracasos y, sobre todo, por supuesto, el papel de la multitud en su propia muerte. En el episodio evangélico de la mujer sor- prendida en flagrante delito de adulterio, si la masa no se hubiera dejado conven- cer por Jesús y la lapidación hubiera te- nido lugar, Jesús también habría podido ser lapidado. Fracasar en la salvación de una víctima amenazada de muerte de for- ma unánime por una colectividad equivale a encontrarse solo frente a ésta, es co- rrer el riesgo de sufrir la misma pena que aquélla. […] Antes de responder a quie- nes piden su parecer sobre la obligación de lapidar a la mujer, inscrita en la Ley de Moisés, Jesús se inclina hacia el suelo y escribe en el polvo con el dedo” 62 . ción, eso leerían en la mirada de Jesús, por apacible que fuera. Con lo que, de rebote, se sentirían provocados. El en- frentamiento no podría entonces evitarse, lo que, probablemente, conllevaría lo que Jesús se esfuerza en impedir: la lapida- ción de la víctima. De ahí que eluda inclu- so la sombra de una provocación” 63 . Comúnmente cuando reconocemos el estatus de “agresor” a un colectivo o a una nación tendemos a borrar el rostro, muchas veces amable, de individuos concretos que de alguna manera perte- necen al colectivo o nación agresora. La identidad de la víctima se construye de forma mimética, desfigurando y deshu- manizando al colectivo que considera- mos enemigo como si éste fuera un todo orgánico. Romper la espiral mimética de odio y deseos de venganza requiere es- fuerzos repetidos para reconocer al otro, no de acuerdo con una imagen colectiva deshumanizada, sino como un ser hu- mano cuya humanidad compartimos. No En la opinión de Girard Jesús se ha incli- nado para eludir la mirada de esos hom- bres con los ojos inyectados en sangre. “Si Jesús les devolviera sus miradas, esos hombres exaltados no verían en sus ojos unos ojos apacibles, sino que los trans- formarían en un espejo de su propia cóle- ra: su propio desafío, su propia provoca- 62  R. Girard, Veo a Satán caer como el relámpago, op. cit., p.86. J. Arcenillas, Children’s Diaspora 63  R. Girard, Veo a Satán caer como el relámpago, op. cit., p.86. 178