Perifèria. Cristianisme, Postmodernitat, Globalització 6/2019
Desde esta perspectiva J. Ellul establece
una cierta línea de conexión entre anarquía
y cristianismo. Pero el anarquismo cristiano
que reclama Ellul es absolutamente no vio-
lento y no solo por razones tácticas, por-
que la no-violencia sea más eficaz que la
violencia, sino sobre todo porque el amor
cristiano desarma la violencia de los pode-
res. J. Ellul entiende la anarquía como una
crítica intransigente y permanente contra
todo poder político y religioso, pues toda
revolución, al no derrumbar el poder en su
forma absoluta, cae en esquemas de do-
minación y de violencia.
Pero, contrariamente al anarquismo polí-
tico, J. Ellul no cree en la posibilidad de
una sociedad completamente liberada del
estado, de los poderes y de las jerarquías
y defiende comunidades en la periferia
suficientemente libres del poder del esta-
do-nación y del populismo para colaborar
permanentemente y sin descanso en la
transformación de las instituciones a fa-
vor de toda la humanidad. El cristianismo
tiene por tanto como adversario al popu-
lismo, a los principados y potestades, ya
sean de naturaleza política, religiosa o de
ambas a la vez, pero no se opone a ellos
por la violencia. Una identificación dema-
siado estrecha entre la Iglesia y cualquier
nación no puede significar otra cosa que
la participación de la Iglesia en la violencia
estatal y en algún género de populismo,
lo que necesariamente significa la oculta-
ción, si no la destrucción, de su carácter
propio. Resulta paradójico, y sobre todo
escandaloso para los mismos cristianos,
que el cristianismo sea totalmente incom-
patible con una violencia que, no obstante,
históricamente ha practicado legitimando
guerras, imperios, príncipes y gobiernos
y que algunos sectores cristianos siguen
promoviendo de manera sacrificial en los
populismos actuales. Desgraciadamen-
te, que las iglesias se vuelvan idolátricas,
como ya se plantea en el Éxodo, es bas-
tante común 53 .
8. El populismo victimizador
Girard observa que la preocupación por
las víctimas heredada del cristianismo se
ha convertido en una nueva rivalidad mi-
mética. Gran parte de las discusiones po-
líticas se plantean en términos de ‘quien
es más víctima’, de quién ha sufrido más,
de qué genocidio es peor, de modo que
la preocupación por las víctimas se ha
convertido en el paradójico objetivo de
las rivalidades miméticas, de las pujas
competidoras, en el instrumento de una
persecución más sutil. Las persecuciones
más sanguinarias se hacen en nombre de
la lucha contra la persecución. No pocas
veces, por ejemplo, la pretendida defen-
sa de los Derechos del Hombre es lo que
más víctimas produce. La clave de esta
retorcida paradoja consiste en que “las
nuevas formas de ‘victimización’ se de-
sarrollan constantemente a partir de los
53 “Entonces el Señor habló a Moisés: Desciende
pronto, porque tu pueblo, que sacaste de la tierra de
Egipto, se ha corrompido. Bien pronto se han desviado
del camino que yo les mandé. Se han hecho un
becerro de fundición y lo han adorado, le han ofrecido
sacrificios y han dicho: “Este es tu dios, Israel, que te
ha sacado de la tierra de Egipto.” Èxode 32.
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