Populismos periferiacpg-2019 | Page 174

Perifèria. Cristianisme, Postmodernitat, Globalització 6/2019 Desde esta perspectiva J. Ellul establece una cierta línea de conexión entre anarquía y cristianismo. Pero el anarquismo cristiano que reclama Ellul es absolutamente no vio- lento y no solo por razones tácticas, por- que la no-violencia sea más eficaz que la violencia, sino sobre todo porque el amor cristiano desarma la violencia de los pode- res. J. Ellul entiende la anarquía como una crítica intransigente y permanente contra todo poder político y religioso, pues toda revolución, al no derrumbar el poder en su forma absoluta, cae en esquemas de do- minación y de violencia. Pero, contrariamente al anarquismo polí- tico, J. Ellul no cree en la posibilidad de una sociedad completamente liberada del estado, de los poderes y de las jerarquías y defiende comunidades en la periferia suficientemente libres del poder del esta- do-nación y del populismo para colaborar permanentemente y sin descanso en la transformación de las instituciones a fa- vor de toda la humanidad. El cristianismo tiene por tanto como adversario al popu- lismo, a los principados y potestades, ya sean de naturaleza política, religiosa o de ambas a la vez, pero no se opone a ellos por la violencia. Una identificación dema- siado estrecha entre la Iglesia y cualquier nación no puede significar otra cosa que la participación de la Iglesia en la violencia estatal y en algún género de populismo, lo que necesariamente significa la oculta- ción, si no la destrucción, de su carácter propio. Resulta paradójico, y sobre todo escandaloso para los mismos cristianos, que el cristianismo sea totalmente incom- patible con una violencia que, no obstante, históricamente ha practicado legitimando guerras, imperios, príncipes y gobiernos y que algunos sectores cristianos siguen promoviendo de manera sacrificial en los populismos actuales. Desgraciadamen- te, que las iglesias se vuelvan idolátricas, como ya se plantea en el Éxodo, es bas- tante común 53 . 8. El populismo victimizador Girard observa que la preocupación por las víctimas heredada del cristianismo se ha convertido en una nueva rivalidad mi- mética. Gran parte de las discusiones po- líticas se plantean en términos de ‘quien es más víctima’, de quién ha sufrido más, de qué genocidio es peor, de modo que la preocupación por las víctimas se ha convertido en el paradójico objetivo de las rivalidades miméticas, de las pujas competidoras, en el instrumento de una persecución más sutil. Las persecuciones más sanguinarias se hacen en nombre de la lucha contra la persecución. No pocas veces, por ejemplo, la pretendida defen- sa de los Derechos del Hombre es lo que más víctimas produce. La clave de esta retorcida paradoja consiste en que “las nuevas formas de ‘victimización’ se de- sarrollan constantemente a partir de los 53  “Entonces el Señor habló a Moisés: Desciende pronto, porque tu pueblo, que sacaste de la tierra de Egipto, se ha corrompido. Bien pronto se han desviado del camino que yo les mandé. Se han hecho un becerro de fundición y lo han adorado, le han ofrecido sacrificios y han dicho: “Este es tu dios, Israel, que te ha sacado de la tierra de Egipto.” Èxode 32. 174