Perifèria. Cristianisme, Postmodernitat, Globalització 6/2019
Pilato da prueba, se dice, de “habilidad
política” y ésta, por muchas vueltas que
se le dé, consiste finalmente en abando-
narse al mimetismo colectivo 33 .
Las diferentes alternativas que va ofre-
ciendo Pilato a la multitud denotan el sa-
ber mimético adquirido por la racionali-
dad política, en particular en relación con
la sustitución sacrificial. Además de la
fuerza del derecho romano, los evange-
lios nos presentan a Pilato como un buen
hombre que intenta ser justo y hasta en
el evangelio de Mateo aparece la espo-
sa de Pilato que querría salvar al inocen-
te 34 . Quiere resaltar la presencia de otro
polo de atracción personal y afectivo que
ejerce una influencia de resistencia frente
a la fascinación mimética de la multitud
que ya se ha apoderado del gobernador
romano. Pero el poder de la multitud ter-
mina por imperar en la decisión política
de Pilato 35 .
Los Evangelios, por otra parte, compren-
den perfectamente el punto de vista de
Pilato: El escrúpulo romano por la legali-
dad aconseja a Pilato no entregar a Jesús
o, dicho de otra forma, no ceder ante la
multitud. Pero sabe también que ésta no
va a calmarse sin víctima. De ahí que Pila-
to brinde una compensación: hacer morir
33 R. Girard, Veo a Satán caer como el relámpago,
op. cit., p. 39
34 Mientras él [Pilatos] estaba sentado en el
tribunal, le mandó a decir su mujer: ‘No te metas con
ese justo, porque hoy he sufrido mucho en sueños
por su causa’” (Mt. 27, 19). La teología feminista ha
destacado que la esposa de Pilato es la única que
defiende a Jesús en este juicio y aún es más notorio
que sea pagana.
35 R. Girard, El chivo expiatorio, op. cit., p. 143.
a Barrabás a cambio de Jesús. Desde el
punto de vista de Pilato Barrabás tiene la
ventaja de estar ya legalmente condena-
do. Su ejecución no constituye infracción
alguna de la legalidad.
J. Arcenillas, Children’s Diaspora
El paroxismo del choque entre Jesús y el
populismo se alcanza cuando Pilato pre-
gunta a la multitud si debe liberar a Je-
sús o al bandido Barrabás. La multitud
empieza a gritar: “¡No, a ese no! ¡Deja en
libertad a Barrabás!”. 36 Y poco después
gritan para que se crucifique a Jesús 37 .
Sin duda, acaba pensando Pilato, es me-
jor liquidar un agitador inocente que co-
rrer el riesgo de un levantamiento popular.
Su principal preocupación no es impedir
la muerte de un inocente, sino evitar, en
la medida de lo posible, unos desórde-
nes que podrían comportar la represión
de una parte importante de la población
y perjudicar su reputación como adminis-
trador en las altas esferas imperiales 38 .
36 Jn 18, 40, (Mt 26,47-56; Mc 14,43-50; Lc 22,47-
53)
37 Jn 19,6.
38 R. Girard, Veo a Satán caer como el relámpago,
op. cit., p. 44
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