Perifèria. Cristianisme, Postmodernitat, Globalització 6/2019
traicionan o no reniegan activamente de
Jesús huyen o permanecen pasivos.
J. Ellul destaca que Jesús sabe que las
autoridades están bajo un poder que les
impide hacer justicia e intenta desen-
mascararlo, aunque fracase, con formas
imaginativas de actuación no violenta:
silencios, falta de cooperación, negativa
a defenderse, provocaciones e ironías
como cuando responde “ustedes lo di-
cen” 22 ante la pregunta de si es el Rey de
los judíos. Pero, ¿Qué poder es éste del
que Pilato no puede escapar? Según J.
Ellul es el diábolos, literalmente el divisor.
El Estado y los poderes políticos, por más
“constitucionales” que sean, son el gran
factor de división entre los hombres pues
están sometidos a Satán, al “fiscal acu-
sador”, a la fuerza que provoca que los
hombres se acusen permanente y recí-
procamente unos a otros 23 .
Pilato representa a la autoridad y el de-
recho romano. Un derecho tan desarro-
llado que, más que la fuerza militar, es lo
que permite al Imperio subsistir 500 años.
Pero es justamente este derecho, del que
se está legítimamente orgulloso, el que es
criticado y ridiculizado por la narración del
juicio de Pilato: por elevada que sea su
significación cultural y por justa y neutra
que sea su aplicación, termina supeditán-
dose a la política, a los intereses de una
parte de la sociedad judía, con un pro-
curador romano cediendo frente a la mu-
chedumbre y entregándoles un inocente.
22 Mc. 15: 2; Mat. 27:11 J. Ellul, Anarquía y
cristianismo, editorial Jus, México, 2005, p. 89.
23 J. Ellul, Anarquía y cristianismo, op. cit., p. 58.
Los autores bíblicos mantienen la idea de
que toda autoridad, por muy buena que
ésta sea, es injusta: “Ahí, en donde radica
la justicia, ahí reina la maldad” 24 .
J. Arcenillas, Children’s Diaspora
G. Agamben, en una línea cercana a J.
Ellul, subraya que el poder del que Pilato
no puede escapar es el del estado en-
carnado en la ley 25 . La oposición a que
asistimos según Agamben en la escena
de Pilato es entre juicio y testimonio, ley y
fe, sentencia y verdad, como dos vías ab-
solutamente heterogéneas. Lo que Jesús
propone no es un nuevo poder terrenal,
sino una nueva forma de vida, un poder
“destituyente” que rechaza la sumisión
de la vida humana a la soberanía estatal
“constituyente”. Jesús, al contrario de los
Estados, se opone a juzgar: “Yo no juzgo
a nadie” 26 . “¡No juzguéis para que no seáis
24 Eclesiastés 3,16.
25 G. Agamben, Pilato y Jesús, ed. Adriana Hidalgo,
2014. Agamben opone el Estado, a las personas y
los pueblos. Ambos son sacrificados al Estado. La
violencia no es la negación del derecho, como suele
pensarse, sino su fundamentación. El estado es tanto
de derecho como violento. Y es tanto con la violencia
como con el derecho como se impone sobre el mero
fluir de la vida del pueblo.
26 Jn 8, 13-15.
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