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Perifèria. Cristianisme, Postmodernitat, Globalització 6/2019 los dioses a través del mérito propio, del sacrificio personal y de las buenas accio- nes, mientras espera el castigo de los que actúan injustamente. Las religiones cum- plirían precisamente la función de garan- tizar una correspondencia entre nuestras acciones y sus resultados mediante algún Dios que garantizaría que finalmente tan- to los “buenos” como los “malos”, en esta vida o en otra, tendrán su merecido. Esta rivalidad autojustificativa conllevaría una profunda legitimación de todo orden social. Por ejemplo, en nuestra sociedad postindustrial y capitalista las personas se ven condicionadas más que nunca a buscar su justificación en sus propias obras, a vivir demostrando continuamen- te el propio valor, y aquellas que alcan- zan el poder y el “éxito” suelen interpretar su bienestar como resultado de sus pro- pias acciones: “me va bien, porque me lo merezco”. Del mismo modo, esa lógi- ca permite presentar a los desheredados de este mundo como culpables de sus propias desgracias. Es la pregunta de los discípulos de Jesús ante un marginado social: “¿Quién pecó, él o sus padres?” 20 . La pretensión de justificarse por los frutos y méritos de las propias acciones da pie a la rivalidad mimética: “¿Quién es más bueno, más justo, más perfecto?”. En un encuentro con Pedro Casaldáliga, obispo del Brasil, en Nicaragua, nos planteaba precisamente esta pregunta: “¿Acaso no 20  Jn 9:2; Lc 13:1-5, citado por A. González en “El anuncio del reinado de Jesús, el Mesías“ en VV.AA., Jesucristo, prototipo de humanidad en América Latina. IIIª reunión de la Comisión Teológica de la Compañía de Jesús en América Latina, México, 2001, pp. 129- 158. es en el cristianismo una pérfida maldad creerse más bueno que otros?” Así como la otra cara de la rivalidad mi- mética y su violencia inherente es la no-violencia, la otra cara de la rivalidad autojustificativa es la gratuidad. La gratui- dad es la posibilidad de actuar a cambio de nada y sin pretender mostrar con ello ninguna altura moral ni ningún mérito. Es en esta gratuidad donde pone el énfasis el cristianismo: este amor que transgre- de, allí donde aparezca y en el nombre de quien sea, la rivalidad autojustificativa y mimética. 5. La supeditación de las autoridades y la justicia al populismo En los evangelios el momento más álgi- do y de mayor finura de la denuncia del populismo y de su capacidad general de arrastre, socialmente transversal, se al- canza en la descripción que hacen del jui- cio de Pilatos. Jesús nos es presentado como la víctima inocente de una colec- tividad en crisis que se unifica contra Él. Todos los grupos terminan por dar su ad- hesión explícita o implícita a su condena a muerte: la multitud de Jerusalén, que po- cos días antes lo habían acogido a Jesús con entusiasmo 21 , las élites, las autorida- des religiosas judías y romanas, e incluso sus seguidores, porque aquellos que no 21  Girard subraya que no se puede acusar a los Evangelios de antijudaísmo o de prejuicios o discriminación social pues la multitud no sólo está compuesta por las masas populares, sino que es completamente anónima e impersonal. Cf., R. Girard, El chivo expiatorio, Anagrama, Barcelona, 1986, p. 143. 166