Populismos periferiacpg-2019 | Page 164

Perifèria. Cristianisme, Postmodernitat, Globalització 6/2019 tanto en su versión religiosa como en su versión política, comparece en el núcleo de todo sistema social y es el fundamento de las instituciones (poder político, justi- cia, constituciones…). De hecho, el propio cristianismo ha sido reconvertido y vivido como una religión sacrificial. Un ejemplo de esta reconver- sión la hallamos en la reflexión de Ansel- mo, un teólogo del siglo XI, que afirma que el sentido de la muerte de Jesús es pagar una deuda infinita con Dios (el precio de nuestros pecados), impagable para el ser humano que es finito. Esta deuda sólo es posible saldarla con la “muerte” de Jesús (a su modo también infinito por ser Hijo de Dios). En este sentido, la muerte de Jesús era necesaria para mantener la ley (el pago de la deuda) y el orden de toda la creación. Lo interesante es darse cuen- ta de que al reducir el cristianismo a una nueva religión sacrificial se lo despoja de su savia original y se lo iguala con aquello que pretendía denunciar: También los que llevaron Jesús a la muerte entendían que ésta era necesaria para preservar el orden social y religioso. 4. El desenmascaramiento cristiano del fundamento último del populismo Según R. Girard, lo que da al cristianis- mo su enorme fuerza de penetración es el hecho de denunciar todas las formas violentas, sacrificiales, de las culturas y la historia humana sin dejarse reducir por ninguna identidad. De hecho, el cristia- nismo no es una identidad más, sino que constituye la crítica de todas ellas cuando suponen algún género de división perver- sa entre “nosotros” y “ellos”. Recordemos que el cristianismo lleva en su corazón la desacralización de las identidades nacio- nales, religiosas, sociales y de género: “Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer” 13 . El “Israel primero”, tan típico de todo populismo, no es precisamente el eslogan de Jesús. Todo lo contrario, Jesús muestra una particular simpatía con aquellos que no entran en el estándar común y nacional: leprosos, minorías desfavorecidas, publi- canos, pecadores, extranjeros, prostitu- tas, proscritos, defraudadores, ladrones y traidores al país. Pero lo que desborda absolutamente la lógica populista es el llamado a amar a los enemigos. Es el antipopulismo mis- mo: “Porque si amáis a los que os aman, ¿qué gracia tenéis? Porque también los pecadores aman a los que los aman” 14 . El otro, aunque sea un enemigo, es recono- cido como una persona como yo, incluso si me ataca. La presunción de inocencia no es el criterio desde el que se respeta el derecho del otro, sino que se le respeta por ser otro, por ser persona. Esta po- sibilidad es un desafío a la eterna tenta- ción del rechazo, a la mecánica del chivo expiatorio y al motor del resentimiento de los que vive todo populismo. Con este antídoto y con el conocimiento de los mecanismos miméticos, el cris- 13  14  164 Gal. 3,28. Lucas 6,32.