Perifèria. Cristianisme, Postmodernitat, Globalització 6/2019
envuelve a todos. La pregunta en la épo-
ca en que vivimos no es si somos o no
populistas, sino en qué grado lo somos.
Las más de las veces solo somos cons-
cientes del populismo de los demás y no
del nuestro propio: los populistas, como
los nacionalistas, siempre son los otros.
J. Arcenillas, Children’s Diaspora
3. La fuerza mimética del populismo
R. Girard subraya en su antropología un
mecanismo, el del mimetismo y el chivo
expiatorio, que creo que es clave en el
fenómeno populista. Podríamos resumir
su fórmula, a riesgo de simplificación, del
siguiente modo: al ser el hombre un ser
cultural no hay casi nada en su comporta-
miento que no sea aprendido y dado que
el aprendizaje se basa en la imitación, en
la repetición de lo que hace el otro, el mi-
metismo resulta ser indispensable, pero
es al mismo tiempo algo sumamente pe-
ligroso, ya que genera rivalidad y conflicto
porque impulsa a cada cual a apropiarse
de lo que el otro quiere o simplemente a
querer ser como el otro. De la rivalidad in-
herente al deseo mimético, al deseo de lo
que quiere otro, deriva la inevitabilidad de
la violencia como hecho social. Estamos
desde siempre inmersos en ella.
Para paliar y evitar que la violencia des-
truya el vínculo comunitario, todas las so-
ciedades han recurrido a un mismo ex-
pediente: el de las religiones sacrificiales.
Las religiones transforman la agresividad
indiferenciada en violencia unánime con-
tra una víctima o grupo inocente, un chivo
expiatorio, ocultando a la vez, mediante
un discurso mítico inculpador, esa ino-
cencia. Ese personaje o grupo que, sin
ningún motivo o por cualquiera, se con-
vierte en el foco que atrae las iras de to-
dos y recibe la transferencia de todos los
rencores, las rivalidades, las envidias y los
deseos de venganza, comparece como
el responsable de todos los males que
afectan a la comunidad. A través de su
persecución o sacrificio se evita la violen-
cia generalizada y se restablece momen-
táneamente la unanimidad, el orden y la
calma mediante la convergencia de todo
el grupo contra un solo enemigo.
R. Girard piensa que la dimensión política
del sistema social está siempre contami-
nada por esta lógica implacable del mi-
metismo y que comparte el mismo secre-
to de la religión: el mecanismo violento del
chivo expiatorio, el sacrificio de víctimas
inocentes. Es más, esta violencia sacrifi-
cial y colectiva contra una víctima o grupo
inocente constituye el auténtico corazón y
el alma secreta de lo sagrado 12 y del po-
pulismo. Y este “secreto” de lo sagrado,
12 R. Girard, La violencia y lo sagrado, Ed.
Anagrama, Barcelona, 2006.
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