Perifèria. Cristianisme, Postmodernitat, Globalització 6/2019
realmente feliz con un Smartphone). Y es
un artilugio muy fácil y democrático de
usar: está al alcance de todos. Y en esta
era en que nuestro elemento revolucio-
nario lo llevamos en las manos, bolsillos,
bolsos, carteras, etc. y por medio del cual
todos nos conectamos de forma bastan-
te directa y casi inmediata, es más sen-
cillo canalizar el malestar ciudadano que
antes se escondía debajo de la alfombra
de la vida en este Capitalismo nihilista y
tóxico. Las demandas por un cambio de
modelo ideológico, esto es, lo que llamo
como Capitalismo hacendal militariza-
do chapuza se vuelve inexorable, viral y
explosivo. Hoy vivimos en un mandato
hacendal del capitalismo. Y la seguridad
se puede ver, en Chile por ejemplo, en
la aplicación de normativas, leyes, etc.
en torno a la seguridad: en el aula, en
la infancia en la migración en regiones,
en la Araucanía en Chile (aunque muera
asesinado un mapuche por las propias
fuerzas represivas estatales; un daño
‘colateral’ para garantizar la seguridad),
y en la total represión de Piñera ante las
manifestaciones sociales en todo el largo
país (asesinados, torturados, violados,
miles de detenidos, muchos han perdido
sus ojos por balines de la policía, etc.);
se busca la mal llamada “Paz Pública e
Institucional” violentando radicalmente al
Pueblo chileno en su legítima demanda
de cambio de modelo. Y en otras regio-
nes del Planeta se repite lo mismo (es
cosa de escuchar lo que dice y hace Bol-
sonaro todos los días y de leer los tuits
de Trump de todas las mañanas). En esa
seguridad se reprime con total Violencia
J. Arcenillas, RedNote
cualquier tipo de “violencia” que afecte
a la hacienda capitalista (es realmente
un chiste y muy malo, lo que la hacienda
entiende por violencia o agresión, dicho
en simple, cualquier cosa que afecte su
estabilidad hacendal, esto es, cualquier
irrupción de la diferencia, del diálogo, de
lo Otro, de la historia, de la vida, etc.). Es
la militarización no solamente con todo
tipo de armas y de soldados y de poli-
cías represoras (y sistemas de ‘inteligen-
cia’, soplonaje, y medios digitales como
drones, cámaras, satélites, micrófonos,
GPS, etc.), sino que la propia ciudadanía
tiene el poder, cual panóptico de Fou-
cault, de Vigilar y castigar cualquier acto
o persona que atente contra esos valores
nacionalistas: todos nos vigilamos a ple-
na luz, a plena estancia en medio de la
hacienda. La seguridad de la hacienda,
de cualquier tipo de hacienda, siempre
es militarizada y en ello chapuza. Es una
seguridad totalmente ridícula y, además,
que con ese rasgo aparentemente pro-
fesional que quiere infundir miedo al vio-
lentista y terrorista; y, en especial, a los
ciudadanos de a pie. Este fenómeno ya
es mundial y es cosa de pensar en lo ri-
dículo que es hoy caminar por las calles,
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