Populismos periferiacpg-2019 | Page 133

Perifèria. Cristianisme, Postmodernitat, Globalització 6/2019 realmente feliz con un Smartphone). Y es un artilugio muy fácil y democrático de usar: está al alcance de todos. Y en esta era en que nuestro elemento revolucio- nario lo llevamos en las manos, bolsillos, bolsos, carteras, etc. y por medio del cual todos nos conectamos de forma bastan- te directa y casi inmediata, es más sen- cillo canalizar el malestar ciudadano que antes se escondía debajo de la alfombra de la vida en este Capitalismo nihilista y tóxico. Las demandas por un cambio de modelo ideológico, esto es, lo que llamo como Capitalismo hacendal militariza- do chapuza se vuelve inexorable, viral y explosivo. Hoy vivimos en un mandato hacendal del capitalismo. Y la seguridad se puede ver, en Chile por ejemplo, en la aplicación de normativas, leyes, etc. en torno a la seguridad: en el aula, en la infancia en la migración en regiones, en la Araucanía en Chile (aunque muera asesinado un mapuche por las propias fuerzas represivas estatales; un daño ‘colateral’ para garantizar la seguridad), y en la total represión de Piñera ante las manifestaciones sociales en todo el largo país (asesinados, torturados, violados, miles de detenidos, muchos han perdido sus ojos por balines de la policía, etc.); se busca la mal llamada “Paz Pública e Institucional” violentando radicalmente al Pueblo chileno en su legítima demanda de cambio de modelo. Y en otras regio- nes del Planeta se repite lo mismo (es cosa de escuchar lo que dice y hace Bol- sonaro todos los días y de leer los tuits de Trump de todas las mañanas). En esa seguridad se reprime con total Violencia J. Arcenillas, RedNote cualquier tipo de “violencia” que afecte a la hacienda capitalista (es realmente un chiste y muy malo, lo que la hacienda entiende por violencia o agresión, dicho en simple, cualquier cosa que afecte su estabilidad hacendal, esto es, cualquier irrupción de la diferencia, del diálogo, de lo Otro, de la historia, de la vida, etc.). Es la militarización no solamente con todo tipo de armas y de soldados y de poli- cías represoras (y sistemas de ‘inteligen- cia’, soplonaje, y medios digitales como drones, cámaras, satélites, micrófonos, GPS, etc.), sino que la propia ciudadanía tiene el poder, cual panóptico de Fou- cault, de Vigilar y castigar cualquier acto o persona que atente contra esos valores nacionalistas: todos nos vigilamos a ple- na luz, a plena estancia en medio de la hacienda. La seguridad de la hacienda, de cualquier tipo de hacienda, siempre es militarizada y en ello chapuza. Es una seguridad totalmente ridícula y, además, que con ese rasgo aparentemente pro- fesional que quiere infundir miedo al vio- lentista y terrorista; y, en especial, a los ciudadanos de a pie. Este fenómeno ya es mundial y es cosa de pensar en lo ri- dículo que es hoy caminar por las calles, 133