Populismos periferiacpg-2019 | Page 121

Perifèria. Cristianisme, Postmodernitat, Globalització 6/2019 siente herida en su dignidad por parte de la sociedad que la gobierna y some- te (Berlin, The Sense of Reality, 1997, pp. 254-255). Este sentimiento, que puede tener un fundamento ficticio, induce a la búsqueda de reconocimiento. El nacio- nalismo crece sobre el sedimento de una sociedad centrada en sí misma, replega- da sobre sí misma, que tiene confianza en sí misma y en sus instituciones, y que desconfía de aquellos que, aun habiendo sido sus compañeros de viaje históricos, son considerados ajenos a su comuni- dad. Esta desconfianza, que conduce a la demonización de los otros, más que en una base objetiva, se fundamenta en los recelos de quienes desconfían. El senti- miento de pertenencia lleva al nacionalis- ta a justificar los valores “hacia dentro”, porque pertenecen a su propia sociedad. Además, el grupo particular al que se per- tenece modela a quienes lo componen a través de la lengua, las tradiciones, los modos de vida, la educación, las leyes, las instituciones, etcétera (Berlin, Against the Current, 1997, p. 341-343). Quienes se apiñan en torno a la identidad com- partida arrojan (o esperan desterrar) a esa jungla los miedos que les hicieron buscar el refugio comunitario. Además, “en el re- lato nacionalista, ‘pertenecer’ es destino, no una elección ni un proyecto de vida” (Bauman, 2004, p. 183 y 196). La actitud nacionalista de repliegue so- bre sí misma choca con el devenir de la historia, que tiende a la universalidad. La globalización es un ejemplo claro de esta tendencia hacia la “transnacionalidad”, que impide de hecho crear una econo- mía nacional ajena a la economía mundial (Hobsbawm, Naciones, 1998, cap. VI, es- pecialmente p. 191 y ss.). Las economías han dejado de ser autónomas. Cada vez existe más interdependencia económica, política, científica, tecnológica y cultural global, y la interdependencia de los Es- tados es cada vez mayor. El incremento de Estados pequeños incrementaría el número de entidades políticas inseguras. “[…] Los nacionalismos separatistas de la Europa occidental, tales como el es- cocés, el galés, el vasco o el catalán, se muestran hoy favorables a dejar a un lado a sus respectivos gobiernos nacionales y a apelar directamente a Bruselas en cali- dad de ‘regiones’. Sin embargo, no hay razón para suponer que un estado pe- queño forme ipso facto una región econó- mica más que un estado mayor (Escocia más que Inglaterra, pongamos por caso) y, a la inversa, no hay motivo por el cual una región económica deba coincidir ipso facto con una unidad política en poten- cia constituida de acuerdo con criterios étnico-lingüísticos o históricos. Asimismo, cuando los movimientos separatistas de las pequeñas naciones consideran que su mejor esperanza radica en erigirse en subunidades de una entidad político-eco- nómica más grande (en este caso la Co- munidad Europea), en la práctica lo que hacen es abandonar el objetivo clásico de este tipo de movimientos, es decir, la fun- dación de estados-nación independien- tes y soberanos” (Hobsbawm, Naciones, 1998, p. 194-195). La libertad cultural y el pluralismo gozan de una protección 121