Perifèria. Cristianisme, Postmodernitat, Globalització 6/2019
do existe una conciencia nacionalista. La
nación es, por tanto, una construcción
del nacionalismo, que aprovecha para
ello una herencia cultural histórica. Al
mismo tiempo que esto es así, el nacio-
nalismo, que es una clase de patriotismo
(Gellner, 2001, p. 176), es una construc-
ción realizada sobre la imposición de una
cultura a una sociedad, que no tiene por
qué tener fundamentos firmes, sino que
pueden ser “invenciones históricas arbi-
trarias”. A pesar de esto, el sentimiento
nacionalista está arraigado en nuestra
sociedad, no es contingente, no se lo
puede negar fácilmente y se caracteriza
por el narcisismo y la egolatría (Gellner,
2001, p. 80-82) como actitud y por el
victimismo como recurso populista.
Nación y nacionalismo
El nacionalismo surge a finales del siglo
XVIII. Es una visión contraria a la concep-
ción cosmopolita. Existe donde un grupo
humano se siente en desventaja respecto
de algún pueblo vecino a la vez que sus
componentes subrayan sus diferencias
culturales con él y comparten una idea de
progreso que los impulsa a comparar sus
logros y capacidades con los de los de-
más, y a tratar de preservarlos (Kamenka,
1973, p. 24 y 27).
La concepción nacionalista ha crecido
sobre el pensamiento de filósofos como
Schlegel (De la lengua y sabiduría de los
indios), que decía que la lengua es la ex-
presión de la identidad étnica; Herder
(Ideas sobre la filosofía de la historia de
J. Arcenillas, Transilvania
la humanidad), que defendía la división
natural de los humanos en naciones y
que cada nación tiene su “alma natural”,
que define a cada uno de sus miembros,
o Fichte (Discursos sobre la nación ale-
mana), que sostenía la subordinación del
individuo a la nación, porque mientras
que ésta es un organismo vivo animado
y unificado por el Volkgeist y es, por tan-
to, permanente, el individuo es pasaje-
ro. El nacionalismo ha crecido a partir de
una concepción romántica de la realidad
y de la vida, para la que el contenido de
la vida y la interpretación de la realidad
no son consecuencias lógicas, objetivas,
del ejercicio racional sino creaciones
subjetivas, que las personas imponemos
a la realidad que nos encontramos y con
la que convivimos (Berlin, 2007, p. 174).
Por tanto, desde una posición radical, el
problema ya no es si lo que se defiende
es verdadero o falso sino si es o no es
mío, porque los valores y principios no
tienen valor universal sino que lo tienen
en la medida en que sirven a la sociedad
a la que pertenecemos.
El nacionalismo procede del sentimiento
de pertenencia a una sociedad que se
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