Perifèria. Cristianisme, Postmodernitat, Globalització 6/2019
vilismo. Judaísmo, cristianismo e islam,
por ejemplo, han jugado históricamente
ambos papeles y los siguen jugando en
la actualidad.
J. Arcenillas, Transilvania
Si bien los factores que determinan la
identidad de un pueblo permiten formar
parte de un grupo social, la religión aña-
de un plus a esto: la satisfacción de una
necesidad espiritual, que permite a mu-
chas personas entender y dar sentido a
su vida. La religión coloca a las personas
más allá de las fronteras que establecen
la nación, la etnia o la lengua, y las sitúa
en un ámbito universal, porque la religión
no queda constreñida entre fronteras físi-
cas, étnicas o lingüísticas (Maalouf, 1998,
p. 125-126).
Frente a la religión, la lengua es el signo
de identidad más importante para cual-
quier pueblo o grupo humano: se puede
vivir sin religión, pero no sin lengua. Sin
embargo, podemos hablar diversas len-
guas, pero no creer en distintas religio-
nes al mismo tiempo (Maalouf, 1998, p.
151-152). La lengua es el signo máximo
de identidad, al mismo tiempo que es el
instrumento de comunicación por exce-
lencia (Ibídem).
Frente a la lengua, la religión, a la vez que
contribuye a cohesionar la sociedad, se-
gún cómo se interpreten sus textos y pre-
ceptos, puede ser un medio que distor-
sione e incluso rompa la convivencia y la
propia sociedad. La historia está plagada
de ejemplos. La religión cumple esta fun-
ción última cuando aparece el fanatismo
y, con él, la violencia, mediante la que pre-
tende imponer sus creencias al resto de la
sociedad. Para prevenir e incluso curar el
fanatismo y trabajar por la existencia de
la paz, para prevenir conflictos bélicos y
tensiones sociales, es tan importante se-
parar la religión del Estado como separar
la religión de la identidad. (Sen, 2007, pp.
36-41 y 91-119)
Nación e identidad
Cuando hablamos de “nación” sobreen-
tendemos su significado, a pesar de que
se trata de un término complejo. Desde
el siglo XIX se habla de “nación” como
identidad política y se ha utilizado para
referirse a la ciudadanía con independen-
cia de su clase social o de sus creencias
religiosas o de otro tipo. La referencia a
la nación, como el lugar patrio, a la tie-
rra natal o adoptiva a la que un grupo de
personas se siente ligado por vínculos
jurídicos, históricos y afectivos (R.A.E.)
ha ofrecido un paraguas político iguali-
tario, ya que la nación la integran todos
los ciudadanos, con independencia de su
estatus social, procedencia familiar, ads-
117