Los dos senderos de la episteme: conocimiento científico en la tradición de Platón y Aristóteles
Del mismo modo en que el hombre creó a Dios y luego dijo que Dios lo creó a él, así también creó las regularidades en la sociedad y en la naturaleza, y luego se convenció de que estas existen con independencia de él. Ya sea que provengan de la observación de regularidades en la naturaleza o de la sobreposición de las normas sociales a la naturaleza, la existencia de leyes se colocó en el centro de la producción científica de conocimiento desde Aristóteles hasta Einstein, asociada a la concepción del carácter corpuscular agregatorio material de lo real y a la de su existencia independiente de la conciencia. De este modo, diversas teorías científicas han sido estructuradas con entramados onto-epistemológicos de filiación filosófica dual, es decir, combinando categorías y conceptos de inspiración platónica con otros de inspiración aristotélica.
Durante el siglo pasado hubo un caso particular de esta filiación dual, la teoría de la mecánica cuántica, la cual buscaba explicar el comportamiento de la materia y de la energía en el mundo subatómico. Para ello, formula una interpretación que pone en tela de juicio todo lo concebido hasta ese momento. Sus planteamientos básicos son los siguientes: un átomo puede encontrarse en varios estados simultáneamente; la observación activa el tránsito de un estado a otro; no se puede determinar al mismo tiempo el lugar y la trayectoria de un electrón; y, el comportamiento de un electrón implica la activación de otros electrones como elementos del mismo sistema. En este caso, se trata de:
objetos que a veces se comportan como partículas y a veces como onda, dependiendo de cómo el sujeto decide observarlos. Electrones o fotones pueden estar simultáneamente en varios puntos del espacio e influir unos en otros como si el espacio y el tiempo no existieran para unos; como fenómenos, solo existen para nosotros, que los percibimos con nuestros sentidos, con el intermedio de aparatos de medición que extienden nuestras posibilidades sensitivas en forma extraordinaria( Hacyan, 2001, p. 25).
Así, la separación del objeto con respecto al sujeto se ha suprimido. El objeto es percibido de conformidad con los contenidos de la conciencia que lo piensa; es decir, lo vertido por la conciencia al objeto adquiere la forma
Paradigmas, ene.-jun., 2012, Vol. 4, No. 1, 41-66 | 61