Número 6 del fanzine "Fuenlabrada Libertaria" Julio 2020 | Page 4
organismos imperiales tan “democráticos” como la UNESCO, la ONU, la OCDE, o la Comisión
Europea, destinadas a que el “alumno sea capaz de”, y se adapte a la flexibilidad laboral.
Creo que cualquier discurso libertario debe partir de la abolición de la Escuela como punto de
partida. Ahora bien, cada vez que se lanza esta propuesta se oye una pregunta: “¿Y en su lugar
qué?”. Es una pregunta retórica que procede de toda la modernidad; de las izquierdas y las derechas,
de socialdemócratas y liberales, de fascistas y estalinistas. ¿Cómo llenar ese vacío? Aquí se corre el
riesgo de que un niño, una niña o un adolescente desescolarizado se vea atrapado por completo,
para llenar ese tiempo libre, en multitud de plataformas digitales o en seductoras empresas privadas
de la industria del ocio. La Escuela, claro está, no es el único dispositivo alienante. Fuera de la
Escuela existen numerosos dispositivos escolares, todo un entramado pedagogizante que en mi libro
La tiza envenenada 1 denominé rizoma pedagógico; un concepto paraguas que abarca muchas
realidades como son los medios de comunicación de masas, el arte mercantilizado, las industrias de
los libros de autoayuda, las actuales industrias del ocio y las llamadas redes sociales, siendo los
actuales smartphones y tablets (aunque podríamos hablar ya de relojes, coches o neveras conectadas
a la red), con sus sofisticadas aplicaciones y sus algoritmos, los que han invadido más íntimamente
la vida cotidiana de los sujetos actuales, más que cualquier ejército, hasta el punto de ser este el
medio en el cual se producen la inmensa mayoría de los aprendizajes y conocimientos, sometidos
todos ellos a las leyes de valorización del mercado capitalista. Ha de destacarse entonces que, hoy
en día, este rizoma pedagógico ha arrebatado a la Escuela gran parte de la hegemonía como
instancia educadora y creadora de cultura. Y justamente uno de los grandes retos de la educación
libertaria es, más allá de desembarazarse de las Escuelas, proponer alternativas a ese infierno
digital. Es evidente que el movimiento libertario no es lo suficientemente fuerte como para abolir
ese rizoma pedagógico pero sí que al menos puede crear tramas educacionales, término muy
utilizado por Ivan Illich, que eviten a las clases medias, bajas o excluidas quedar atrapadas en todos
esos dispositivos imperiales y poder desarrollar libremente una cultura propia.
¿Qué hacer entonces? En un plano utópico, siempre necesario, podemos vislumbrar, imaginar y
pensar, una forma de vida en la que todo aprendizaje se de a la luz de la vida en sociedad y que
tanto el aprendizaje instructivo, como el lúdico o el asociado con la adquisición de destrezas y
conocimientos para realizar determinados trabajos no alienantes, se produzca sin las
dinámicas propias de la acumulación capitalista y sin la injerencia de ningún Estado. O dicho de
otro modo: como si esa actividad de enseñanza y aprendizaje fuese una actividad de “aficionado”.
Ese objetivo podría resumirse en la creación de un verdadero comunal educativo, para lo cual habría
que recuperar los bienes comunales, arrebatados durante siglos por la burguesía liberal.
A corto plazo y siendo realistas sólo nos queda escapar en todo lo posible del currículo y del
programa, del saber nacional y del saber transnacional del capitalismo termo-industrial, en sus
variantes socialdemócrata y neoliberal. Ivan Illich habló hace ya décadas de crear “iniciativas
educativas que faciliten una adquisición espontánea del saber y confinen la enseñanza programada a
casos limitados claramente específicos” 2 . El combate pendiente consiste, por tanto, en que las clases
excluidas y explotadas, cada vez más abundantes, nos vayamos descontaminando de la cultura
burguesa, a pesar de estar viviendo en una sociedad que todavía nos impone el trabajo asalariado e
infra-asalariado y la obtención masiva de títulos, y aunque sea en un nivel muy local y limitado,
creemos nuestra propia cultura y nuestros propios sistemas de enseñanza y aprendizaje; reactivando
así una nueva tipología de aprendizajes basados en el placer, en la curiosidad, en el don y en el
apoyo mutuo, y que atienda a nuestras necesidades inmediatas.
Una vía de actuación, en cierto modo viable y por la que ya están optando de hecho numerosas
familias, es la educación en casa y la creación de grupos de crianza, que podríamos relacionar con
la educación en el barrio. Ahora bien, dada la atomización e individualización de la vida es
delicado hablar de crear grupos de crianza en un contexto en el que todas las dinámicas sociales y
todo tejido social han sido altamente destruidos, de mil maneras. Y no podemos obviar que si
desapareciese la Escuela actual, que desempeña para muchas familias principalmente la función de
1 https://lavoragine.net/la-tiza-envenenada-co-educar-tiempos-colapso/
2 Ivan Illich, La convivencialidad, Ed. Virus, Barcelona, 2011, p. 133.