nº 1 -Boletín Oficial FEDDF 13 - BOLETÍN FEDDF Agosto 2018 | Page 25

envolviéndome, puso sus dos manos en la barra, agachó su cabeza hacia mí y mi- rándome directamente a los ojos, me dijo, “¡a ver este joven silencioso!, ¿qué quiere tomar usted?” sinceramente no sé si era en tono amable o impaciente, el caso es que cuando fui a responderle… ya se ha- bía marchado. Espoleado por la rabia de sentirme un cliente incompetente, ahora sí que me iba. Pero, para mi sorpresa, una voz intensa y cantarina repitió, “¡a ver si nuestro joven silencioso sabe ya lo que va a tomar!” “Un bocadillo” casi se me habían caído las palabras de la boca. Esa misma voz empezó a desaguar una lista intermi- nable e imposible de memorizar. “De ja- món” era el primero que entendí, “y ¿de beber?” ¡dios! otra vez la misma angustia y sudor. “Agua, agua, por favor” “¡marchan- do!” Pocas veces me he sentido tan alivia- do y liberado. Tardé muy poco en comer. Miré el reloj y desolado vi que aún faltaba mucho tiem- po. No sabía qué hacer, pero seguir en la estación me resultaba insoportable. Mon- té en un taxi. Ese viaje fue como una hui- da, aunque no sabía a dónde. No recuer- do lo que tardamos, sí el suficiente para comprobar que estaba en las tripas de un universo de casas, coches, calles, tiendas, cines, teatros… ¡qué pasada! “Ni en cien años se puede conocer esto”, pensé. fuera para allá porque quizá la reunión se celebraría en el mismo. Tener que salir otra vez a la calle y buscar otra dirección, acabaron por derrumbar mis escasas defensas. Sin embargo, llegué. Entré con miedo de alterar algún orden misterioso. Miré a todos lados. Nada me hacía vislumbrar que allí se estuviera reu- niendo nadie. “¿Puedo ayudarle?” me so- bresaltó un amable camarero. De pronto, me di cuenta que no sabía muy bien cómo explicarle porqué estaba allí. Pero bastó nombrar la palabra Junta, para que me di- jera “sígame por favor”. Abrió una puerta y el misterio se deshizo. Ante mí una enor- me mesa redonda llena de vasos y copas de todo tipo. “¡Bienvenido caro amigo!” del fondo se levantó él, el presidente y, dan- do un rodeo, vino hacia mí. Había muchas más personas, pero la verdad, solo tenía ojos para ver cómo se acercaba. Su ama- bilidad y acogida fueron el mejor bálsamo. Entonces, el torbellino de palabras de las personas allí reunidas, se dirigió hacia mí. No fui capaz de entender ni la mitad. Sí que, en mi recuerdo, eran bienvenidas, presentaciones y algunas bromas que no alcancé a entender en ese momento, pero, que con el tiempo cobraron sentido, como referencias a personas y hechos del pasa- do. No recuerdo el tiempo que estuvimos allí. Lo que sí recuerdo es que, si hubo una reunión, yo, sinceramente, no me enteré. Después de unos mil semáforos, me dejó Estaba claro que era un indocumentado a la distancia de una revuelta, como él me principiante. dijo. Ahora sí que estaba en Madrid. En realidad, no sabía en qué parte. “Sí, este ¡Me tenía que marchar! Todo el mundo se es el número”. Delante de la puerta otra levantó para despedirme y él, el presiden- vez la angustia y la vergüenza. “Hola bue- te, volvió a abrazarme como sólo él sabía. nas tardes”. Con expresión interrogante, Aturdido, volví a sentirme en las tripas de una mujer madura y sonriente, me abrió. ese universo de casas, coches, calles, tien- Por un momento no supe decir nada. Ella das, cines, teatros…pero esta vez con la me miraba. Por fin, después de lo que me esperanza de ir en sentido contrario. Ya pareció un siglo, le expliqué el motivo de en mi asiento respiré feliz y aliviado. Vol- mi visita y con cara de pena me comuni- vía a casa y además había sido capaz de có que los miembros de la Junta estaban sobrevivir a la primera reunión de la Junta comiendo en un restaurante cercano, que Directiva de la FEDDF. FEDDF.ES 25