nº 1 -Boletín Oficial FEDDF 13 - BOLETÍN FEDDF Agosto 2018 | Page 24
Un representante de la Diputación y el Presidente de la Fe-
deración Vizcaína de Deporte Adaptado, para contarme
que la Diputación me pedía que fuera presidente, porque…
imaginaos mi cara.
Física (FEDDF). Puf… no podía ni nombrar-
la. Tenía que ir a Madrid…no sé para voso-
tros, para mí Madrid era como el Castillo de
Kafka. Enorme, poderoso, concentrado de
sabios y expertos. La confusión y el vértigo
era total para un pequeño ciudadano que lo
más audaz, que había hecho era hablar con
el responsable de Deportes de la Diputación
de Bizkaia y acudido a esos horribles lunch,
donde todo el mundo trajetado parecía co-
nocerse y donde debían tratarse asuntos de
la máxima importancia.
pensar que mi antecesora, a la que sí cono-
cía, había sobrevivido, me aliviaba. Pero los
muchos y feos fantasmas, enseguida se vol-
vían a adueñar de mi ánimo.
Cuando el tren paró, creo que, en Chamar-
tín, los sudores y la angustia me paraliza-
ron. No podía moverme del asiento. Con la
disculpa, para todos comprensible, aunque
absurda, de que era más lógico que yo baja-
ra el último, logré unos minutos en los que
pude recobrar un poco el resuello y, no sin
titubeos, temblores e inestabilidades, logre
Y de pronto, llegó el día. Tenía reunión de levantarme y al fin bajar.
Junta de la Federación Española en Ma-
drid. El entonces presidente, el Sr. Palau No recuerdo el andén ni por dónde subí.
(¿habéis oído hablar de Dios? Bueno pues Sólo recuerdo un sitio enorme, lleno de
para mí era lo más parecido. Sólo le re- gente que corría para todos lados y un
cordaba de una vez que vino a arengar a miedo en el cuerpo que otra vez me para-
la Selección Española, que íbamos al Cam- lizaba. Enfrente un reloj me recordó que,
peonato del Mundo a Paris, y que no res- encima, la reunión era a las cuatro y ape-
piré el tiempo que habló, que, os aseguro nas eran las dos.
no fue poco, no me desmayé por un pelo)
tuvo a bien mantener a la Federación Vas- Comer en un restaurante, ¡solo! Imposible.
ca en dicha Junta, donde había incorpora- Me acerqué a una barra llena de bocadillos
do a la anterior presidenta.
que tenía, al otro lado, a un camarero que
hablaba a toda prisa, hacía seis cosas a la vez
Bolsa de viaje en bandolera, montar en el y mientras, te decía otras tantas, casi incom-
tren que me llevaba al otro lado del mun- prensibles. Me quise marchar, pero, como
do. Solo y muerto de miedo. “¡Qué ridículo! adivinando mi pensamiento, ese camarero
¡Si yo no sé nada, ni conozco a nadie!” Sólo, máquina, dejó la servilleta en su hombro,
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