transformación histórica. Según las tradiciones de la ciencia y de la política
«occidentales» —tradiciones de un capitalismo racista y dominado por lo
masculino, de progreso, de apropiación de la naturaleza como un recurso para
las producciones de la cultura, de reproducción de uno mismo a partir de las
reflexiones del otro—, la relación entre máquina y organismo ha sido de guerra
fronteriza. En tal conflicto estaban en litigio los territorios de la producción, de
la reproducción y de la imaginación. […] La encarnación del cyborg —situada
fuera de la historia de la salvación— no existe en un calendario edípico que
tratara de poner término a las terribles divisiones genéricas en una utopía
simbiótica oral o en un apocalipsis postedípico. […]
El cyborg es una criatura en un mundo postgenérico. No tiene relaciones con
la bisexualidad, ni con la simbiosis preedípica, ni con el trabajo no alienado u
otras seducciones propias de la totalidad orgánica, mediante una apropiación
final de todos los poderes de las partes en favor de una unidad mayor. En un
sentido, no existe una historia de origen del cyborg según la concepción
occidental: una ironía final, puesto que el cyborg es también el terrible telos
apocalíptico de las crecientes dominaciones occidentales de la abstracta
construcción de individuos; un último yo no atado finalmente a ninguna
dependencia, un hombre en el espacio. Según el sentido humanístico
occidental, una historia que trate del origen depende del mito de la unidad
original, de la plenitud, bienaventuranza y terror, representados por la madre
fálica de la que todos los humanos deben separarse. Las tareas del desarrollo
individual y de la historia son los poderosos mitos gemelos inscritos para
nosotros con fuerza inusitada en el psicoanálisis y en el marxismo […] tanto el
uno como el otro, a través de sus conceptos del trabajo, de la individuación y
de la formación genérica, dependen del argumento de la unidad original, a
partir de la cual debe producirse la diferenciación, para, desde ahí, enzarzarse
en un drama cada vez mayor de dominación de la mujer y de la naturaleza. El
cyborg elude el paso de la unidad original, de identificación con la naturaleza
en el sentido occidental. Se trata de una promesa ilegítima que puede
conducir a la subversión de su teleología en forma de guerra de las galaxias.
El cyborg se sitúa decididamente del lado de la parcialidad, de la ironía, de la
intimidad y de la perversidad. Es opositivo, utópico y en ninguna manera
84