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Andrea de Cano “Nada que el hecho de carne y sangre puede sustraerse a las leyes que determinaron su llegada a la existencia” (Andrea de Cano) La burguesía siempre ha participado muy especialmente en esta integración nacionalista, pasando congruentemente a ser la dinastía reinante, convirtiéndose en su más ardiente defensor. Combatió con ayuda de ésta a la aristocracia, frecuentemente cosmopolita y solidaria de otros valores, así como la religión vinculada al orden aristocrático y tentado por el universalismo y el individualismo de la búsqueda de la salvación. Su reivindicación de un Estado fuerte, que garantizara la libertad individual, superada la legitimación dinástica en la medida en que la monarquía estaba tentada orgánicamente por el despotismo. De ahí el llamamiento, al principio confuso, al concepto de étnico- nacionales, y que se expresaba con ayuda de los parlamentos o Estados generales. Era fácil asimismo movilizar los sentimientos confusos de identidad, implícitos o latentes, de todos los miembros de estas formaciones y requerir el vasallaje de las clases inferiores. Fue dentro de esta perspectiva como la burguesía creó la nación-Estado. La supremacía de la ideología étnico-nacional queda asegurada de momento con la decadencia, quizás provisional, de la ideología universalista máxima, que había llegado a ser su único competidor serio. Llegó incluso a extraer del marxismo algunos métodos y algunas doctrinas (como la del imperio capitalista) y una parte de su legitimación gracias al clásico procedimiento sincretista de la identificación de los objetivos nacionales con los objetivos humanistas que ponía en primer término. El concepto de imperialismo que, bajo forma de una característica específica y exclusiva del mundo capitalista europeo-americano, se opone al progreso y a la libertad de toda la humanidad, presta grandes servicios en esta perspectiva. “Las naciones no se han extinguido en los campos de batalla; antes bien, las batallas perdidas las han privado de los medios necesarios para la conservación de la vida, o mejor expresado han dado origen a tal privación o no han podido impedirla”. (Adolfo Hitler). Esta supremacía tiene sus teóricos y sus apologistas que, más allá de las perspectiva marxista clásica de la justificación limitada y condicional de la reivindicación nacional, desarrollan las ideas de búsqueda 41