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Como vemos, la fuerza pura es el principio vital, la fuerza que genera y
da la vida, desde más allá de este universo. Esta fuerza, cuando entra
a manifestarse y a animar la materia de este mundo, se convierte en
relativa, queda condicionada por el principio positivo-negativo. Pero
existe una vía que permite al iniciado reunir, concentrar la fuerza, para,
desde ahí, restaurada la unidad, reintegrarse en la eternidad a la que
pertenece.
Sólo un cuerpo cuya fuerza esté totalmente concentrada puede
manifestar la fuerza en su pureza. La concentración de la fuerza es la
base sobre la que se fundamenta el principio vital, el principio de la
vida. El adepto que logra concentrar la fuerza y las energías, consigue,
de forma natural y sin esfuerzos suplementarios, el dominio y la
verticalidad: el espíritu aristocrático y dominador. Esto podría realizarse
mediante de un vigoroso endurecimiento del cuerpo (yoga-ejercicios
cardiovasculares o de alto impacto), junto con todo un proceso de
purificación y entrenamiento o educación físico-mental. El
fortalecimiento
y
consiguiente
endurecimiento
del
cuerpo,
adecuadamente estimulado según la vía del diamante, generar un
estado de erección o vigorización muscular en la musculatura y la
energía de todo el cuerpo.
Donde el mundo moderno y la casi totalidad de movimientos
“espiritualistas” hablan de “relajación”, nosotros hablamos de la fuerza
y del vigor. Esto es, vigorización frente a la relajación. Poder frente a la
debilidad. Centralidad frente a dispersión. Actividad frente a la
pasividad. Vida frente a la muerte.
El verdadero éxtasis es resultado de la vigorización y de la fuerza; la
relajación defendida por los espiritualistas decadentes, sólo traerían
como consecuencia la confusión, la dispersión y, finalmente, la
disolución en el caos.
La “fuerza nueva” conseguida mediante la vigorización, induce al
iniciado en un estado extático y aquí está el principio de la
transmutación de las energías: un proceso en el cual todos los
residuos psíquicos y energéticos insanos presentes en la persona,
serán destruidos por virtud de la energía purificada, tal como la hierba
seca abrasada por el fuego. En este contexto, entendemos cómo las
antiguas religiones fálicas representan el falo (fuego) como símbolo de
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