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Andrea de Cano la vida. En sus ceremonias se consagra la potencia vital y se exalta el carácter divino de la vida, buscando el aumento de flujo de la potencia divina, ligado siempre a la virilidad. Los ritos tienen generalmente un carácter orgiástico; la unión sexual es representada simbólica o realmente. Se podría entender esta temática como si nosotros estuviéramos dispersos y débiles, todas nuestras acciones vendrían a estar marcadas por el sello de la disolución, el sello de la muerte. El ser dominado y esclavizado por la materia caótica no puede acceder al mundo espiritual. Esos seres degenerados sólo pueden acceder a su propio verdadero psíquico. Tal es el caso de la casi totalidad de movimientos “espirituales” de la actualidad: gente enferma. Se comprende que, en el lado opuesto de la salud, un cuerpo cuyas fuerzas estén dispersas, manifestará languidez, falta de vigor y estancamiento; un cuerpo así será vinculado y canal de tendencias y realizaciones enfermas y decadentes. En el hombre, la dispersión tiene una base tanto mental como somática. Frente al principio vital de la concentración y el autodominio, la dispersión de la fuerza es un principio determinado en el proceso de la muerte. Este proceso hace extender la naturaleza hacia el cansancio perdiéndose la unión con la divinidad. Tal tendencia hacia la dispersión y la pérdida de la esencia, es el principio que sufre el hombre terrestrizado, un ser dominado y degradado por los elementos, lo vulgar, lo indiferenciado y, finalmente, en la actualidad, el conocido como “mundo democrático moderno”. Pero frente a esta miserable y pésima humanidad actual, vemos como el héroe viene a liberarse de la esclavitud del caos del mundo y de la materia, consiguiendo someter la materia a su voluntad. La naturaleza, cuando es presa del caos, sumerge al hombre en la ansiedad, el vicio, el desorden, la degeneración… en esta situación, el hombre queda encadenado y se ofusca, confundiéndose y nublándose su espíritu y su inteligencia. Podemos entender que, según todo esto, sólo puede acceder al mundo espiritual el hombre que consigue ser libre, esto es, señor y dueño de sí mismo. Los hiperbóreos poseen un poder conocido como Vril. El profesor Von Senger afirma que el hombre nórdico posee una ramificación nerviosa adicional que lo capacita para reidentificarse con el mundo divino. Miguel Serrano viene a definir el Vril como “el poder u órgano 249