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Andrea de Cano Posteriormente se sucedieron muchas más “revelaciones” respecto al documento, una de las más famosas fue el proceso que sufrieron los editores suizos de los Protocolos en 1933, denunciados por asociaciones de la comunidad judía helvética, solicitando que se prohibiera su difusión. Después de un juicio en el que se dieron peritajes, testimonios contradictorios, y documentos varios, se dicto sentencia en 1935, expresando que los Protocolos eran una falsificación y escrito vil. Sin embargo, el mismo tribunal en 1937 absolvió, por falta de pruebas, a los editores del libro del delito de “inmoralidad”, y se declaró incompetente para juzgar la autenticidad de los mismos. Los partidarios de la autenticidad de los Protocolos se enfrentaban a un problema: no disponen del original con lo cual no pueden llevar a cabo una crítica o estudio del documento (factura, estilo, naturaleza del papel…) Todo ello no obsta para que en la edición nazi de los Protocolos del año 1936, se debate lo siguiente sobre su veracidad: “Entre las diversas pruebas de su autenticidad como programa de acción judía, una es evidente: el transcurso de los acontecimientos políticos a partir del año 1895, desde que los Protocolos llegan a manos judías, estos corresponden a las disposiciones y contenidos de los mismos. A ningún político, por más clara visión del futuro que poseyera, que hubiera querido calumniar al judaísmo a través de la elaboración de los Protocolos, le hubiera sido posible, hace cuarenta años, vaticinar tan exactamente el curso de los acontecimientos que desde entonces se fueron produciendo, como es el caso de los Protocolos”. No sería el último proceso, ni la última declaración, ni la última “revelación” al respecto de la autenticidad o falsedad de los Protocolos… Otra interesante, fue la que hizo, el 8 de enero de 1935, un sacerdote católico llamado Gleb E. Werhobsky, que se entrevistó en Chicago con el escritor Sigmund Livingston, quien ya había publicado antes un artículo denunciando la falsedad de los Protocolos. El padre Werchobsky quería poner en manos de Livingston cierta información hasta entonces desconocida, basada en su propia experiencia personal. El padre ratificó la veracidad de su informe en una declaración jurada. Posteriormente, Livingston publicó detalles completos de esta entrevista. 237