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El padre Wercobsky había nacido en San Petersburgo, Rusia, el 23 de
octubre de 1888. Había sido ordenado en Constantinopla (hoy
Estambul) el 13 de julio de 1914. Posteriormente emigró a los Estados
Unidos, donde estuvo en varios lugares hasta llegar a Chicago en
1929. Allí continuó cumpliendo con sus deberes pastorales en el marco
de la iglesia católica.
George Butmi, antiguo teniente de la guardia imperial de Rusia, era
amigo de la familia. Inmediatamente después del caso Dreyfus, Butmi
viajó a Paris. Cuando regresó a San Petersburgo, trajo varios
manuscritos que pidió traducir al ruso. Esta fue la traducción que
apareció luego bajo el nombre Los Protocolos de los Sabios de Sión.
Últimos Descubrimientos.
Sin embargo y a pesar de los años transcurridos, aún faltaba un dato
en relación a los Protocolos: la identidad del “autor” de los mismos, el
que convirtió los diálogos de Joly en los Protocolos propiamente
dichos. Este dato cayó casualmente entre las manos de Mikhail
Lepekhine, historiador de la literatura rusa y particularmente de los
llamados “publicistas”, es decir, de los autores de folletos políticos
durante la convulsionada época zarista prerrevolucionaria.
Recientemente y gracias a la caída del régimen soviético y la
disponibilidad de sus archivos y después de cinco años de pesquisas,
el historiador Mikhail ha descubierto al que parece ser el “autentico”
autor de los Protocolos: un aristócrata ruso llamado: Mathieu
Golovinsky.
La historia descubierta por Lepejin nos permite asomarnos a una de
esas personalidades sin escrúpulos que tanto abundan en el mundo de
la política y que junto a otros, como Leo Taxil, tanto nos “emocionan” a
los aficionados de los libros raros. La confirmación de la identidad del
autor de los Protocolos, será dada en 1917 por el francés Henri Blint, al
enviado del gobierno ruso encargado de desmantelar los servicios
secretos zaristas en el extranjero. Blint arruinado económicamente
vendería a los soviéticos sus archivos en 1921, que nunca lo dieron a
conocer al gran público.
¿Por qué ocultaban los soviéticos los rastros de un autor antisemita
pagado por el zarismo, siendo los Protocolos una obra perseguida e
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