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fuman, tiene una pasión casi de un niño por los caramelos y
chocolates”.
Nunca faltaba en su mesa tortas y pasteles y su secretaria agrega que
se servía los platos hasta el borde, comentando: “yo no comprendo
más cómo puede ser que continúe a predicar por una vida ascética,
cuando se lanza así en los placeres de las cosas azucaradas y los
pasteles”. A Hitler no le gustaba la nieve, si bien le agradaba observar
de lejos el panorama de las cumbres nevadas, tampoco era amante de
los gatos. En el hospital de campo, en aquellos días en que Francia se
había rendido, Hitler en persona paró a visitar a los heridos; la
enfermera Falcón se encontraba en el cabezal de un joven alemán
malherido. Hitler ingresó y se dirigió hacia la cama del enfermo, y ella
pudo verlo por unos minutos a menos de un metro, vio su cara, sus
ojos, los detalles de su modo de hablar, sus gestos y su tono de voz;
ella hablaba muy bien alemán, habiendo nacido en una zona, en aquel
entonces bilingüe. Ese encuentro fue excepcional, porque Hitler
contadas veces ingresó a un hospital de campo y sólo lo hizo tras la
victoria, tal como las de Polonia y Francia. En tiempos posteriores,
nunca quiso ver a los heridos, tanto que, cuando su tren se cruzaba
con otro repleto de heridos, hacía bajar las cortinas para no presenciar
el triste espectáculo.
La persona dentro del Führer.
El ser psicópata no impide ni contrasta con que Hitler se distinguió por
su voluntad, decisión e iniciativa. Dotado de un natural instinto para
organizar y dirigir a los demás; desde su infancia con sus juegos de
guerra, liderando a chiquitines al aire libre, pasando por las dificultades
de la adolescencia. Superó los obstáculos impuestos en la búsqueda
de su vocación que le hicieron equivocar el camino que siguió sin
consejos, enfrentando sólo la vida, al no querer seguir la voluntad de
su padre. Poseía una sensibilidad de artista pero su talento creativo
hizo que su vida personal fuera bohemia, su presunción le hizo pensar
que se las podría arreglar solo, pero sin la pequeña herencia paterna,
la ayuda de su madre y su siguiente herencia, habría acabado de la
misma manera más miserable.
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