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Andrea de Cano
Rosenberg no escapó de modo alguno a la justicia de los vencedores, puesto que este idealista, este soñador, fue colgado al lado de auténticos criminales de guerra”.( Jean Michael A.)
¿ Se encontraría Hitler conforme de vivir en las estribaciones de los Andes, de Inalco?
Por lo se pudo averiguar de su modo de vivir y sus exigencias hay que contestar indudablemente que sí. Su tendencia a aislarse del resto del mundo data de su innato proceder acentuándose en la II guerra mundial. Hitler tenía radicado en sí mismo las montañas y los bosques, tras la tentativa del „ putsch ‟ al salir de prisión se refugió en el Öbersalzberg, en una pequeña cabaña arriba en el entonces pensión Moritz el lugar y el entorno alpino desde entonces lo atrapó.
Como muchos autodidactas, no comprendía lo que significa tener un conocimiento específico. Su deseo frustrado de ser arquitecto lo llevó, en el caso de la reforma del Berghof, a no limitarse a hacer bosquejos de lo que quería.
Este deseo de montaña respondía a una necesidad psicológica y física. Una estadía en ese entorno daba a Hitler como él mismo decía la calma interior y la seguridad necesaria para sus decisiones. En la calma majestuosa de la montaña afirmaba que en aquellos momentos“ yo me siento más ligado a los mortales, mis ideas traspasan ideas, traspasa los límites humanos para traducirse en actos o repercusiones infinitas”. En las semanas de ocio, en el Öbersalzberg dejaba madurar sus pensamientos, este comportamiento literalmente cansaba a sus colaboradores y huéspedes, el no hacer nada y el vivir bohemio de Hitler, no acostumbrado a la disciplina que da un trabajo, casi enfermaba, tanto de llamarla berkrankheit, la enfermedad de berg. Al contrario tenía un efecto positivo en Hitler, cuando atravesaba un momento de cansancio o stress, caracterizado por la repugnancia a tomar decisiones y la facilidad de perderse en lamentosas criticas, o encerrarse en un mutismo no pudiendo sacársela más que un sí o un no, unas semanas de vacaciones en el obersalzberg le alcanzaban para restablecer, como cuentan:“ sus ojos retomaban vivacidad, las reacciones le venían más pronto y reflotaba su energía”.
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