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campesino es, por lo tanto, para la vida de la nación, la condición
previa de todo, y esta nación organizada como Estado protege la
libertad y el fruto de su trabajo. Por eso el suelo no es mercancía, no
debe ser objeto de especulación, más aún, el auténtico Estado popular
debe reservarse el derecho no sólo de transformar, contra la
correspondiente indemnización, para fines necesarios de la
comunidad, la posesión privada en propiedad del pueblo, sino también
el derecho de practicar, dado el caso-si hay grave daño para la
comunidad-también expropiaciones sin indemnización.
Escuela y derecho, estas son las grandes palancas de la educación del
pueblo. La prensa y la literatura (también el cine y la radiodifusión) son
los medios de enorme influencia sobre la generalidad, que deben estar
bajo su atenta vigilancia. La gritería de la “libertad de prensa” está al
mismo nivel que se quisiera reclamar libertad para la venta no sólo de
alimentos sanos sino también de todas las substancias tóxicas. Ya
refiere la comparación que así como el Estado ha establecido una
policía de mercado para preservar a los ciudadanos de productos
alimenticios perjudiciales, también debe preocuparle los intentos de
envenenar espiritualmente. Cierto es que el actual “Estado” también ha
introducido una ley de protección, pero no acaso para la protección del
honor nacional, de la salud moral del pueblo, sino para la protección de
la actual “forma estatal” y de sus ministros difuntos y vivientes.
“Debía concederse más importancia especial a la propaganda racista.
Era preciso aplicar al hombre las experiencias que se habían realizado
en el reino vegetal y animal, y había que demostrar que la causa
fundamental de toda miseria consistía en la mezcla de las razas”.
(Jean Michael A.)
Por lo demás, el integralismo no es enemigo de un Estado-policía en el
que aparece en todas partes la palabra “prohibido”; se pronuncia
absolutamente como adversario de un sistema en el que presidentes
de policía o asociaciones de santurrones vociferan contra la
“inmoralidad” o en el que se interviene violentamente contra una forma
de expresión artística. Pero si abogamos por la formación de un
consejo cultural dentro de la orden (o senado) , que esté integrado por
personas irreprochables, de fina sensibilidad, a quienes les esté dada
la posibilidad de hacer conocer en la prensa, la radio, etc, las ideas
culturales generales del nacionalsocialismo, pero por otro lado no ha
de interrumpir a los artistas empeñados en realizarse, la posibilidad de
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