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Andrea de Cano El grupo Thule se convirtió en una filial particularmente activa de la sociedad nativa, ya que los principales intelectuales nazis debían surgir de él, apropiándosele numerosos ritos, principalmente el “La orden de los germanos se titulaba igualmente: “alianza para el deber del arte saludo „Sieg Heil‟ “. (Jean Michael A.) La propiedad adquirida y en ello en todos los terrenos, un descubrimiento, una obra poética con propiedad, tal cual lo es el dinero ahorrado de un hombre modesto mediante honesta labor diaria. Pero si un genio egoísta quiere sacar provecho de un descubrimiento contra la totalidad del pueblo, entonces éste deberá neutralizar tal proceder, lo mismo que un drama a favor de la traición a la patria (por grande que haya sido el talento con que fue elaborado), o las especulaciones en perjuicio del pueblo con dinero en sí honestamente adquirido. Dónde se restringe aquí el concepto de propiedad privada dependerá de la severidad de la concepción de la unidad común, utilidad común entendida también aquí en el más alto sentido como suma de los valores morales del c arácter del patriotismo en su totalidad. Expresado en forma gráfica, el actual “hombre de negocios” puede deambular durante kilómetros antes de que se tope con el juez penal-si lo encuentra-, mañana en cambio, cuando el Estado nacionalista haya superado el actual interregno, este hombre ya verá delante suyo a los pocos pasos sobre el sendero del intermediarismo rapaz, al fiscal. El que combate esta concepción de la propiedad privada prueba con ello solamente que los conceptos sobre honor y deber están extinguidos en él y que conceptos judaicos han ocupado su lugar. Una posición aún más severa en la cuestión de la propiedad privada frente a la posesión de la tierra. Esta no debe ser entendida de ninguna manera como mercancía, ni como la consecuencia de la invención de la creatividad humana, sino como un pedazo de cosmos una premisa de vida de la totalidad del pueblo, que fue defendida desde generaciones con su sangre en las fronteras del país. El nacionalsocialista Gregor Strasser formuló cierta vez muy bellamente esta relación: si el trabajador desposeído, el estudiante, el artista, el erudito, en general el habitante de la ciudad defiende con su cuerpo el terruño del campesino, del poseedor del suelo, participa entonces del derecho de velar también para que este suelo defendido no se eche a perder, permanezca baldío o hasta sea malvendido de extranjeros enemigos. Si el campo es la base de la alimentación popular, el 107