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Lo esencial de una auténtica expiación activa consiste, por lo tanto, en
la defensa, en el retorno a la genuina tradición, el recurrir nuevamente
a las fuentes de valores eternos de la nacionalidad, protegiendo y
afirmando a las fuerzas que pugnan por la victoria. Con esta finalidad
toda tarea ha de comenzar con el esclarecimiento oral y escrito sobre
la situación efectiva, para superar la alarmante carencia de
comprensión, despertar después del sentimiento y la voluntad para la
resistencia contra todos los portadores de la desintegración, pero
también contra la propia culpa y debilidad. Y finalmente ha de ser
creado un foro para todas las diversas fuerzas ligadas a la sangre en
todos los campos de la vida.
El artista y erudito es generalmente “apolítico” lo cual es hasta cierto
punto comprensible, que de la soledad del individuo mana su fuerza
para la plasmación creativa, pero de todos modos debe sentirse
exaltado por el genio de su pueblo, de su sangre y por eso separarse
nítidamente de aquellos que niegan esta sangre y se esfuerzan por
corromperla y envenenarla. La finalidad del nuevo orden venidero
pueda contar con las personalidades necesarias para reemplazar a los
que hoy maltratan el alma en universidades, academias, juzgados, etc.
El integralismo ha comenzado en el terreno político-cultural allí donde
se encuentra la central de la labor de contaminación moral: la prensa.
Su programa exige que todos los jefes de redacción deban ser
connacionales y que los periódicos no nacionales requieran para su
aparición una autorización estatal, lo cual imposibilita, por otra parte,
todo control financiero extracomunitario. Además el citado punto reza:
“Exigimos la lucha legal contra una orientación del arte y de la literatura
que ejerce una influencia corrosiva sobre nuestra vida nacional y la
prohibición de actos y espectáculos que contravengan las demandas
precedentes”.
Con esto queda esbozada la gran misión en lo que hace el Estado que
sí no, quiere estrangular la vida en los asuntos culturales sólo puede
ser preventivo, fijador de límites; creativa es y continuará siendo
siempre exclusivamente la persona. Es sin embargo, de importancia
decisiva que la conducción estatal se integre con hombres étnicamente
ligados, creadores de cultura y no con marxistas internacionales, pero
tampoco con burócratas anquilosados o santurrones hipócritas. No son
los mandamientos y las prohibiciones lo que para nosotros constituye
la clave de esta cuestión sino el ser humano.
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