que a las seis de la mañana ya estaba en el instituto a petición de unas alumnas. Llevaba tres semanas sin ir a visitar a su familia. Esperó a que todos entrasen y ocupasen sus sitios. Entonces, unos gritos desgarrados la sacaron de su ensimismamiento y la devolvieron a una realidad que no podía imaginar. En un rincón del aula, cerca de la ventana, hallaron inerte un cuerpo tendido en el suelo en medio de un inmenso charco de sangre. Se trataba de Desiré Padilla, lo que resolvía las dudas sobre su ausencia. Nadie daba crédito a lo que estaban viendo, e infinidad de preguntas los hostigaron: ¿ Qué había podido pasar?, ¿ Cómo había llegado allí Desiré?,¿ Quién o quiénes eran los responsables de su muerte?... Los amigos íntimos de Desiré lloraban desconsoladamente. Ana no sabía qué hacer, estaba paralizada por el horror. Por fin reaccionó e hizo salir a los alumnos del laboratorio.
Los profesores que estaban dando clase en las aulas cercanas, después de oír el grito, salieron al pasillo y se dirigieron rápidamente al laboratorio para ver qué sucedía. Uno de los primeros en acudir al lugar de los hechos fue Pedro Pérez, profesor de filosofía, hombre calmado y parsimonioso a quien nada ni nadie lograba alterar. Este al ver el espectáculo dantesco decidió ir a buscar a la orientadora del centro para que prestara ayuda psicológica a los alumnos. Daniela Luque, estaba tranquilamente en su despacho ajena a todo lo que ocurría y al ver llegar a Pedro con un semblante alterado pensó para sus adentros que algo malo estaba sucediendo. Pedro exclamó:
¡ Daniela, deja lo que estás haciendo y sube rápidamente al laboratorio de Física y Química que te necesitan!!!
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