Capítulo I
Alteración de la rutina
Eran casi las ocho de la mañana de un viernes lluvioso, los alumnos de 1º de
Bachillerato sentados en el banco de la entrada, charlaban todavía medio dormidos
esperando que el timbre que marcaba el inicio de las clases se hubiera estropeado. Tal
vez hubiera sido lo mejor ya que estaban a punto de descubrir algo que les marcaría de
por vida pero, por desgracia, no fue así, y al poco la música anunció que empezaba la
jornada. Se dirigieron perdidos entre la multitud al laboratorio de Física y Química
situado en la planta primera. Una vez reunidos en la puerta, continuaron charlando ya
que la profesora no había llegado todavía.
Martina, sorprendida por la ausencia de Desiré, se preguntó cuál sería el motivo por el
que esta todavía no había llegado, ya que se había pasado toda la semana anterior
hablando sobre lo ansiosa que estaba por realizar el experimento que tenían
programado para ese día. Apoyada en la pared, desde donde se podía observar parte
del aula a través del cristal que estaba situado en medio de la puerta, advirtió un bulto
en el suelo que le produjo una extraña sensación. Pensó que sería alguna chaqueta
olvidada o alguna caja de cartón.
Se escuchó el ruido de los tacones que anunciaba la llegada de la profesora de Física y
Química, Ana Rodríguez. Era una joven de 36 años no demasiado alta, por lo que
habitualmente llevaba tacones, de piel blanquecina, ojos azules y pelo moreno.
Cumplía su primer año en el Instituto de Peñíscola, un pueblo muy alejado de su casa y
a pesar de ser extrovertida, la añoranza había hecho mella en su carácter. Abrió la
puerta del aula aún cavilando en el equipaje que había preparado a toda prisa debido a
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