MISTERIO EN LAS AULAS | Page 28

realizar el reconocimiento del cadáver y dado que el día anterior no habían hablado con ellos, serían los primeros. De este modo, a partir de sus respuestas irían llamando a los otros. A ellos, sin embargo, no hizo falta llamarles por teléfono ya que se personaron sin previo aviso. Patricia González, como era de esperar, estaba muy afectada, Saúl, en cambio parecía muy tranquilo. Después se un saludo forzoso, los cinco se dirigieron al depósito de cadáveres para proceder al reconocimiento sin mediar palabra. La tensión, a medida que se iban acercando al lugar se iba acrecentando. Una vez dentro, delante del frigorífico se dispusieron en dos filas, por un lado los tres investigadores y por el otro los padres. Sara procedió a la apertura de la puerta con la ayuda de un subalterno, la madre al ver salir el cadáver cubierto con una sábana y con una etiqueta colgando del dedo pulgar del pié no pudo soportarlo y estalló en sollozos. El marido intentó calmarla pero era la persona menos indicada en ese momento para consolarla. Avril, sintió pena por ella y les dijo a todos que aguardaran unos instantes antes de proceder al reconocimiento, pues iba a acompañarla fuera e intentaría hablar con ella y calmarla. Una vez fuera en el pasillo, Patricia le comentó que no soportaba la actitud pasiva de su marido, que la sacaba de sus casillas y que el culpable tenía que estar relacionado con él. Avril la dejaba desahogarse y poco a poco se fue calmando con lo que a los diez minutos volvían a estar delante del cadáver. Sara procedió a levantar la sábana y de nuevo Patricia, impresionada al ver el cuerpo inerte de su hija estalló en sollozos. Ya no les quedaba ninguna duda de que el cuerpo sin vida que permanecía imperturbable ante las miradas externas, se trataba de su hija. La madre besó la mejilla de su hija entre lágrimas antes de que cubrieran de nuevo el cuerpo con la sábana, entre el martirio de sentir no haberla visto sonreír por última vez.
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