Presa de la desesperación, en un intento de encontrar una solución Ana exclamó entre
sollozos::
¡Han sido Sophie y Helena! ¡Han tenido que ser ellas las que han matado a
Desiré! ¡Ellas son las responsables ya que estaban las tres juntas en el
laboratorio trabajando! ¡Yo no me hallaba en el lugar de los hechos! ¡Yo no soy
responsable de nada!¡Tengo testigos! ¡Laia, la conserje lo puede corroborar!
¡Hablad con ella para que lo corrobore, por favor!
El inspector mandó llamar a la conserje, la cual acudió un tanto nerviosa. Esta, por su
parte le dijo que había llegado sobre las 7:15 de la mañana al centro y que no había
notado nada fuera de lo normal a parte de la sensación de extrañeza que la abordó al
introducir la llave en la cerradura y percatarse de que la puerta estaba abierta.
Tampoco le dio la mayor importancia pues no era la primera vez que sucedía ya que
las mujeres de la limpieza eran un poco despistadas y se la dejaban abierta a menudo.
Al entrar, se encontró con Sophie que salía del baño y ante su cara de estupefacción al
verla allí, ésta le había contado que estaban haciendo un trabajo en el laboratorio con
otras compañeras con el consentimiento de la profesora y por eso estaban allí.
Laia, una vez abiertas las puertas del instituto se dirigió a la sala de profes para saludar
a Ana. Allí se la encontró enfrascada en su trabajo y le dijo:
¡Menudo madrugón te has pegado esta mañana!
Si, pero me viene bien para adelantar trabajo y como me voy al pueblo podré
dedicar todo mi tiempo a la familia. Se lo merecen.
¿Te vas en coche? preguntó la conserje
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