MISTERIO EN LAS AULAS | Page 11

Capítulo II Empiezan las investigaciones
El agente de la policía judicial emprende el procedimiento habitual, tomando el despacho de la directora como improvisada sala de interrogatorios. La primera en declarar es Ana, la profesora de Física y Química cuya piel estaba más blanquecina de lo habitual, que se había dejado convencer por sus alumnas y había acudido al centro a las seis de la mañana. Idea a la que en un primer momento se había mostrado reacia, pero luego aceptó con la pretensión de adelantar trabajo pendiente, ya que ese fin de semana por fin podría ir a visitar a sus padres y a su marido y, no era cuestión de llevarse la pila de exámenes que aún tenía por corregir. Además, para una vez que mostraban interés por un trabajo escolar no iba a ser ella quien les quitase las ganas. Finalmente, a desgana y pensando en los trescientos kilómetros de carretera que le esperaban hasta llegar a su casa se pegó el madrugón y se dirigió al instituto. Ana, muy nerviosa y alterada, al extremo de sufrir una crisis de ansiedad, les dijo que en el momento de los hechos se encontraba trabajando en la sala de profesores y que no había escuchado nada extraño. El agente, tomando conciencia de su nerviosismo decidió darle una tregua y no proseguir con el interrogatorio. Le dijo que se podía marchar pero, que no podía ir a su casa el finde ya que seguramente la volvería a llamar para que prestara declaración. Ana, al borde del colapso al ver sus planes truncados le preguntó al inspector porqué no podían continuar con el interrogatorio el lunes. Este le respondió con un no rotundo, pues quien llevaba la investigación y daba las órdenes era él y ella debía acatarlas sin rechistar.
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