gueses y se coaligan con las organizaciones religiosas para que les
suministren una coartada de buena conducta que no merecen. In-
tentan desmantelar todos los medios de protección social para
crear un país de trincheras en el que la norma sea el sálvese quien
pueda mientras ellos están en sus guaridas protegidos con todo su
dinero. Es necesario entender, que no se puede crear una sociedad
evolucionada si al mismo tiempo es una sociedad desunida.
Las llamadas organizaciones “humanitarias” se dividen princi-
palmente entre las que utilizan prácticas semiterroristas para con-
seguir sus fines y hacerse publicidad, y las que solo persiguen un
lucro económico, las primeras afirman que su supuesta buena in-
tención justifica cualquier medio utilizado para conseguirlo, y las
segundas que utilizan métodos propios de la usura, pues se sirven
de los necesitados para pedir ayuda cuando su verdadero interés
es enriquecerse, pues muchas de ellas llevan decenios hablando
del hambre en el mundo para recaudar dinero pero no se preocupa
de atacar el mal en su raíz, es decir en el control de la natalidad
que es la verdadera causa de la superpoblación. Es cierto que la
riqueza del mundo está mal repartida, pero también es cierto que
si todo el crecimiento económico de un país se invierte en criar a
más y más personas, entonces es evidente que el hambre nunca
desaparecerá, pero esto parece no interesar a esas organizaciones
supuestamente humanitarias.
Esta es una época falsa y sin moral en la que los laboratorios far-
macéuticos ya no buscan curar enfermedades sino vender medici-
nas, hay que entender que su negocio es la enfermedad y no la sa-
lud, porque si la gente estuviera sana no podrían vender sus medi-
camentos, en el fondo a lo que se dedican es a vender esperanzas,
pero a un alto precio. Es necesario que los ciudadanos descubran
su propio poder de autocuración y se alejen de esos especuladores
atacando el origen de las enfermedades es decir rechazando los
malos hábitos de vida. Un medicamento puede ser muy útil, pero
solo si se utiliza en su justa medida y como último remedio, pero
lo correcto es actuar primero sobre las causas de la enfermedad,
rechazando los comportamientos insanos que la han originado.
Desde el final de la segunda guerra mundial las naciones vence-
doras tan solo se han preocupado de repartirse el mundo afirman-
do que los malos son los otros, pero no han dudado en derrocar
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