Por eso deberíamos aprender de los niños, porque ellos aún no se
han corrompido con aquello que los adultos llaman verdades in-
cuestionables, pero que no son otra cosa que simples prejuicios,
propios de la época en la que se vive. Es lamentable ver como la
gente se siente realizada sumándose apasionadamente a esas opi-
niones grupales que ofrecen los partidos políticos, no se dan cuen-
ta en su ingenuidad, que la verdad no es de nadie, sino de sí mis-
ma, y no se somete a los intereses egoístas de ninguna moda ni de
ningún partido. El hombre solo alcanzará la libertad mental cuan-
do prescinda de las opiniones prefabricadas que los partidos polí-
ticos nos ofrecen y tomen de cada uno de ellos lo que tengan de
verdadero y a partir de ahí exijan el derecho a decidir cada ley de
forma individual. En ese momento la humanidad habrá alcanzado
su plena realización en el plano político y entonces solo quedará
su plena realización en el plano moral.
LA MENTE DE UN TIRANO
Cuando una persona se plantea la injusticia como su forma de
comportamiento habitual, se condena a sí misma a la oscuridad y
a la amargura, porque no comprende que la injusticia por sí mis-
ma no es una fuente de felicidad, porque la felicidad debe surgir
fundamentalmente del trabajo, la ciencia y la vida pacífica. Es
cierto que puede haber algún caso excepcional en el que una con-
ducta injusta pueda proporcionar algún beneficio, pero es absurdo
pensar que esto pueda ser algo continuo y sistemático, porque la
injusticia se basa en beneficiarse del trabajo de otros y como es de
suponer el resto de los ciudadanos no se lo van a permitir si este
comportamiento les perjudica. Esta situación de expectativas no
satisfechas es lo que provoca la sensación de frío y amargura en el
alma del tirano, por eso se plantea el crimen como forma de com-
pensación. Es un error ver al canalla como una víctima, porque lo
que le lleva a esa situación de extrema agresividad es su deseo de
querer vivir haciendo daño a los demás. Porque el mal no es solo
una cuestión de magnitudes también lo es de formas, porque
quien se plantea la injusticia como su razón de ser, termina co-
rrompiendo su alma hasta terminar siendo un tirano y su alma
nunca encuentra la paz por mucho dinero que logre conseguir.
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