decantarse por la justicia como comportamiento habitual, pues la
justicia representa la estabilidad, la seguridad y el orden. En con-
secuencia, en un mundo organizado por millones de personas solo
un código moral que incluya la justicia como norma de conducta
principal puede funcionar y de este modo garantizar el éxito de
aquellos que así actúan. El problema de las personas que se orien-
tan hacia el mal, es que establecen la injusticia como eje de su
conducta y en consecuencia asumen la inestabilidad como su ra-
zón de ser. Alguien se podría preguntar. ¿Cómo es posible que
haya personas que asumen el mal como conducta habitual en un
mundo donde la interacción con el resto de los ciudadanos es tan
importante? La respuesta está en la excesiva sobreprotección de
estas personas en la infancia. Es decir que el mal se va acumulan-
do en los niños porque al castigar los padres sus actos de maldad
de forma tímida lo que hacen es darles una enseñanza indirecta al
hacerles creer que el mal les compensa, porque si a un delito gra-
ve se le aplica un castigo leve, el mal es el único ganador. De este
modo, la prolongada indiferencia de los padres ante la desviación
de su hijo hacia el mal, da lugar a que el niño se oriente cada vez
más en esa dirección, hasta llegar a un punto extremo. Porque las
personas malignas intentan obtener placer haciendo daño al resto
de los ciudadanos en lugar de actuar de forma equilibrada. Así es
como llegan a plantearse el crimen como la consecuencia lógica
de su comportamiento, por ser este el modo más extremo de mal-
dad. El problema de estas personas es que durante mucho tiempo
han creído que el eje de su conducta debe ser la injusticia y no la
justicia y es precisamente ese grave error lo que les lleva a la acti-
tud antisocial. Es decir que ante la necesidad que todos tenemos
de elegir entre la justicia y la injusticia como norma básica de
conducta ellos eligen la injusticia. Por ello, se podría decir que el
mal es en realidad el error de considerar la injusticia como eje de
la conducta moral en lugar de la justicia. A partir de esta situa-
ción, aquellos que cometen el error de actuar así tienden a norma-
lizar este comportamiento tratando de considerarlo como algo na-
tural, por ello, empiezan a comportarse con vanidad y despotismo.
Estos son los síntomas de la desviación hacia el mal y cuando esto
ocurre el resto de la sociedad debe tener claro que solo cuando se
ejerce una fuerza como mínimo igual y opuesta a la que utiliza la
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