persona malvada el mal desaparecerá, y si un padre quiere a su
hijo debe tener esto muy en cuenta. Por lo tanto, aquellos que
aceptan las excepciones de la justicia deben tener claro, que la
cuestión no es si la injusticia puede o no existir en sus vidas, sino
cual es la forma en la que debe participar en ella. Porque lo que
resulta evidente es que la única forma en la que podemos organi-
zar nuestras vidas es teniendo la justicia como norma esencial de
nuestra conducta, y en consecuencia, de tener sentido actuar a ve-
ces de forma injusta, debemos tener claro que solo debe ser una
excepción. El error de las personas malignas consiste en invertir
equivocadamente estos dos conceptos. Lo grave es que si esto se
mantiene durante mucho tiempo al llegar a la edad adulta se con-
vierte en algo arraigado en él y en consecuencia más difícil de
erradicar. El mal a diferencia de la injusticia debe ser del todo re-
chazable, pues representa el comportamiento erróneo en la forma
en la que las personas deben relacionarse con la justicia y la injus-
ticia. El bien en consecuencia se deriva de actuar en consonancia
con la verdad, la justicia y la razón.
Planteado esto de forma resumida se podría decir que una persona
se orienta hacia el mal cuando convierte la injusticia en la norma
de su conducta y la justicia en la excepción. Visto según los gráfi-
cos, es como si en la dimensión horizontal la parte mayoritaria
fuera ocupada por el color rojo y la parte minoritaria por el color
azul. Esto a su vez ocasionaría que los colores de la dimensión
vertical se invirtiesen, provocando que el color blanco pase a estar
situado abajo y el color negro arriba. Esto simbólicamente equi-
valdría a que la injusticia y el mal pasarían a ser en el primer grá-
fico el elemento determinante de la norma de conducta y en el se-
gundo gráfico representaría que el progreso en lugar de avanzar
hacia la luz, la cultura y la justicia, retrocedería hacia la oscuri-
dad, la ignorancia y el mal, provocándose un gran absurdo evolu-
tivo.
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