vidas anteriores, pero esos recuerdos se desactivan mientras dura
la vida humana para no interferir con la memoria de la vida pre-
sente. Este mismo proceso ocurre con la memoria cuando nos
despertamos de un sueño, automáticamente los recuerdos de los
sueños se desactivan, para no interferir con los recuerdos de la vi-
da consciente. Porque aunque muchos no lo sepan, en realidad
nos pasamos toda la noche soñando, pero en el momento en el
que estamos a punto de despertarnos, el cerebro desactiva los re-
cuerdos de lo que hemos soñado y así podemos retomar nuestra
vida consciente allí donde la hemos dejado. Es como si al dormir
regresáramos un poco a esa dimensión espiritual. Sin embargo, es
diferente en lo que se refiere a las cualidades del espíritu, pues
aunque en una nueva vida no se pueda recordar los hechos ocurri-
dos en la anterior, en cambio sí me parece razonable que se pue-
dan conservar las cualidades adquiridas por el espíritu durante sus
reencarnaciones anteriores.
El mal es en realidad la consecuencia de la degeneración de la
conducta moral de quien lo tiene y solo puede suponer un elemen-
to de perjuicio para él, pues quien tiene el mal como eje de su
conducta es semejante a la tierra cuando carece de agua, queda
estéril e incapaz de dar vida. Porque la conducta honrada y la es-
piritualidad son como el agua para la tierra. Por ello, las personas
malignas tratan de acaparar desesperadamente dinero con la vana
creencia de que eso solucionara su sensación de vacío y no com-
prenden que no es una cuestión de dinero sino de dignidad. Estas
personas padecen un desequilibrio en su alma que las vuelve opa-
cas a las sensaciones de felicidad, y solo cuando comprenden que
la vida debe estar basada en la justicia su alma vuelve a estar
equilibrada. En comparación se podría decir que es como si el di-
nero fuera la tierra y la dignidad fuera el agua, por ello solo quien
tiene el mismo aprecio por ambos aspectos puede llegar a ser fe-
liz. El mal en definitiva surge cuando se pierde el equilibrio nece-
sario en las relaciones sociales con nuestros semejantes, y solo
cuando se regresa a una actitud civilizada el alma vuelve a ser fe-
liz.
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