Mis ideas filosóficas con gráficos | Page 57

vidas anteriores, pero esos recuerdos se desactivan mientras dura la vida humana para no interferir con la memoria de la vida pre- sente. Este mismo proceso ocurre con la memoria cuando nos despertamos de un sueño, automáticamente los recuerdos de los sueños se desactivan, para no interferir con los recuerdos de la vi- da consciente. Porque aunque muchos no lo sepan, en realidad nos pasamos toda la noche soñando, pero en el momento en el que estamos a punto de despertarnos, el cerebro desactiva los re- cuerdos de lo que hemos soñado y así podemos retomar nuestra vida consciente allí donde la hemos dejado. Es como si al dormir regresáramos un poco a esa dimensión espiritual. Sin embargo, es diferente en lo que se refiere a las cualidades del espíritu, pues aunque en una nueva vida no se pueda recordar los hechos ocurri- dos en la anterior, en cambio sí me parece razonable que se pue- dan conservar las cualidades adquiridas por el espíritu durante sus reencarnaciones anteriores. El mal es en realidad la consecuencia de la degeneración de la conducta moral de quien lo tiene y solo puede suponer un elemen- to de perjuicio para él, pues quien tiene el mal como eje de su conducta es semejante a la tierra cuando carece de agua, queda estéril e incapaz de dar vida. Porque la conducta honrada y la es- piritualidad son como el agua para la tierra. Por ello, las personas malignas tratan de acaparar desesperadamente dinero con la vana creencia de que eso solucionara su sensación de vacío y no com- prenden que no es una cuestión de dinero sino de dignidad. Estas personas padecen un desequilibrio en su alma que las vuelve opa- cas a las sensaciones de felicidad, y solo cuando comprenden que la vida debe estar basada en la justicia su alma vuelve a estar equilibrada. En comparación se podría decir que es como si el di- nero fuera la tierra y la dignidad fuera el agua, por ello solo quien tiene el mismo aprecio por ambos aspectos puede llegar a ser fe- liz. El mal en definitiva surge cuando se pierde el equilibrio nece- sario en las relaciones sociales con nuestros semejantes, y solo cuando se regresa a una actitud civilizada el alma vuelve a ser fe- liz. 57