LA MUERTE DE JESÚS
Mucha gente se pregunta cómo es posible que Jesús diera su vida
voluntariamente por su causa, sobre todo teniendo en cuenta que
en aquel momento él no podía saber si su predicación tendría éxi-
to, de hecho esto no ocurrió hasta varios siglos después de su
muerte. La verdad es que Jesús seguramente no se planteó su pre-
dicación como algo que solo tuviera un final posible, seguramente
el desearía vivir muchos años para poder difundir sus enseñanzas.
El problema es que cuando algo te impulsa fuertemente a seguir
adelante se está dispuesto a correr el riesgo necesario para conse-
guirlo, sobre todo si tenemos en cuenta que la vida es corta y más
en aquellos tiempos. Es decir que lo lógico es considerar que Je-
sús nunca se planteó la muerte como un objetivo en sí mismo, pe-
ro cuando comprendió que para conseguir sus ideales no la podía
evitar tampoco la rehusó, pues qué sentido tiene la vida si es a
cambio de renunciar a aquello que te ilusiona, Jesús no deseaba
morir, pero afrontó este hecho convencido de dar su vida por
aquello que le ilusionaba, al fin y al cabo todos los días mueren
personas en simples accidentes sin que esto suponga beneficio al-
guno para el bien de la humanidad, por qué entonces no podía él
arriesgar su vida en traer un mensaje de convivencia que fomente
el progreso social. Lo cierto es que cuando se tiene una ilusión
que te domina por completo se está dispuesto a correr un riesgo
por conseguirlo y en el caso de Jesús además existía el factor aña-
dido de sentirse desconectado de la sociedad que le rodeaba, es
decir que su tarea de predicar fue ante todo un intento por explicar
su descubrimiento y tratar de compartir con todos la luz que él
había encontrado, deseaba fervientemente que los demás pudieran
ver lo que él veía y así ser uno con los demás, quizás él pensó que
una vida sin dedicarse a contar este mensaje que a él tanto le
emocionaba no merecía la pena vivirse. Por eso, a veces el más
valiente no es el que más valor tiene sino el que tiene menos que
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