proclaman la infalibilidad del papa, pero solo un necio afirmaría
que la fe debe estar en contra del derecho a pensar con libertad,
sobre la naturaleza del universo o la verdad de los hechos divinos.
Al final y con desgana, la iglesia ha tratado de aparentar que se
opone a los abusos a menores, pero su negligencia es innegable,
por la escasa contundencia que pone en castigar a los infractores.
Es evidente que el hombre del futuro necesitará desembarazarse
de estas organizaciones que solo persiguen el lucro y por ello de-
berá crear un nueva filosofía que proclame como eje esencial el
derecho a disentir y a pensar con libertad tanto sobre los hechos
humanos como sobre los hechos divinos, pues el hombre cuando
comienza a pensar, despierta la parte creadora y divina que guarda
en el interior de su alma.
Hoy en día resulta imposible demostrar que parte de los libros re-
ligiosos son ciertos y cuales son simplemente el fruto de la imagi-
nación de sus autores, sin embargo aun creyendo que esto es así,
eso no significa que no haya valor en estos libros, pues en el fon-
do la religión es filosofía y la filosofía es la ciencia dedicada a in-
tentar explicar los fundamentos del universo desde un punto de
vista metafísico o espiritual, por ello, aun creyendo que parte del
contenido de estos libros es inventada, eso no es obstáculo para
valorar la parte metafísica y filosófica de ellos, pero por supuesto
rechazando el dogma y proclamando el derecho de todos los ciu-
dadanos a valorar el contenido de estos libros con libertad, con el
fin de encontrar la verdad. Lamentablemente la gente ingenua
cree que es lo mismo la apariencia que la realidad, cree que el he-
cho de que alguien se proclame religioso implica forzosamente
que sea justo, pero no comprenden que Dios permite esta contra-
dicción precisamente para que la humanidad aprenda a razonar y
se fije en los hechos y no en las apariencias.
Babilonia la grande la madre de los fornicarios, en eso se ha con-
vertido la iglesia de Roma, pacta con muchas naciones solo por
codicia en contra de Dios, pero tarde o temprano su juicio llegará
y será desterrada de este mundo esa secta inmunda entregada al
mal. Algún día el hombre comprenderá que no necesita interme-
diarios para encontrar a Dios, que todos podemos encontrar la luz
con nuestro propio esfuerzo y cuando el mundo lo comprenda se
alcanzará una nueva era.
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